Por Félix Cortés Camarillo.

Te pasas,

nunca creí que tú con esto me pagaras…

El Compa Julián, Te pasas

La advertencia del presidente a la prensa y a la libertad de expresión va más allá de las ocurrencias que con frecuencia salpican la performance matutina de Andrés Manuel López Obrador. Sin mencionar a Jorge Castañeda, pero haciendo mención directa a uno de sus recientes escritos, el presidente se puso a defender a los asistentes a su circo mediático, en donde la mayoría de los asistentes –o al menos la mayoría de los que tienen el privilegio de que el de la voz permita hacer preguntas– se identifican como representantes de portales de las llamadas redes sociales y muy pocas veces provienen de los medios tradicionales de información.

Castañeda mencionó a estos supuestos periodistas, especialmente a los que en sus preguntas implican alabanza a la persona del presidente o a su desempeño. Realmente, algunas de esas intervenciones que Castañeda cuestionó llegaron al extremo de comparar a López con un maratonista kenyano por su resistencia física; otra pidió abiertamente sanción para los periodistas que no elogian al gobierno, y un tercero condenó el atrevimiento de Jorge Ramos por poner en duda las cifras de Andrés Manuel sobre los homicidios en México. Castañeda estableció la baja calidad de esos periodistas en contraste con la preparación de Ramos.

El presidente “con todo respeto” discrepó. “Creo que ustedes no sólo son buenos periodistas, son prudentes. Porque aquí los están viendo y si se pasan, pues ya saben lo que sucede” fueron sus palabras.

¿Qué sucede a los que “se pasan” y son “imprudentes”?

Simplemente, y en tropel, aparecen mensajes de descalificación y vituperio en las redes sociales, amparados por el evidente anonimato que propicia, y que con mucha frecuencia contienen insultos procaces y en no pocas veces amenazas.

Esto no es lo peor; después de todo, es el riesgo a que estamos expuestos todos en una sociedad en la que cada uno puede expresar libremente su opinión. Lo malo es que la postura presidencial no solamente ve implícitamente con buenos ojos esos ataques, sino que los propicia y de manera indirecta los incita. Obviamente advirtió que el pleito no lo estaban agarrando con él sino con esa vaga entidad que es “la gente” o si se quiere “el pueblo”.

No es necesario que yo defienda la imprudencia de los periodistas, porque sabido es que una de las características de este oficio y una de sus condiciones esenciales es precisamente la agresividad de las preguntas inquisidoras y su imprudencia. Los hombres del poder no tienen derecho a aprovechar su autoridad para incitar a la violencia, aunque sea verbal. El incidente es serio y marca un escalón más en el lento pero incesante camino en el deterioro de las libertades democráticas.

PILÓN.- Si alguna deducción positiva puede hacerse a partir de la enorme tragedia del incendio de esa joya del arte y la historia que sigue siendo la catedral de Notre Dame, debe ser la casi certeza de que no hubo intencional maniobra para provocarlo. Especialmente luego de una serie de ataques a sitios de oración cristiana que se habían registrado en días recientes en Francia. Todo parece indicar a que los trabajadores que estaban en la restauración del maderamen del techo del templo, y que operaban con sopletes y fuego causaron el inicio de la catástrofe. Otra consecuencia positiva es la solidaridad mundial con la cultura, la historia y el país francés, que a partir de ya se está manifestando y debe cristalizar en una gran colecta para restaurar la iglesia.

felixcortescama@gmail.com

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