Por José Jaime Ruiz.

Los intelectuales abajo-firmantes exageran en su reacción a las simples palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador. Cuando le preguntan por alguien dice “es una buena persona”. En la estadística de las mañaneras habría que mostrar cuántas veces lo ha expresado.

¿Qué respondió Andrés Manuel cuando le preguntaron su opinión sobre Alfredo Jalife-Rahme Barrios?

“Acerca de lo de Jalife. Es una muy buena persona. No creo yo que quiera ocupar un cargo, es un analista, un investigador; pero en el caso que hubiese algo que le interesara, como cualquier otro profesional analista, lo tomaríamos en cuenta. No hay veto para Jalife ni para nadie.”

Puntualicemos:

1.- Andrés Manuel no le está ofreciendo un cargo, sólo dijo que lo tomaría en cuenta.

2.- Andrés Manuel tomaría en cuenta no sólo a Jalife, sino a cualquier otro profesional.

3.- Vetar de antemano a quien pida un puesto no entra en los parámetros de un gobierno abierto y democrático. El sectarismo, ya se dijo en la mañanera, sea a través de un poemínimo o citando a Kalimán, es condenable.

El lloriqueo de los intelectuales es absurdo. Veamos:

1.- Nos causa el mayor desconcierto y preocupación que en su conferencia del 24 de abril se haya usted referido a Alfredo Jalife como “una muy buena persona” y haya abierto la posibilidad de considerarlo para un puesto en su gobierno.

2.- Alfredo Jalife es el representante extremo del discurso del odio en las redes sociales mexicanas. Su método no es el debate sino la infamia, el insulto, la amenaza y la calumnia.

3.- Las mujeres han sido blanco de sus vejaciones y acosos. La homosexualidad es objeto de sus expresiones degradantes. Con frecuencia recurre a la discriminación racial y religiosa, en especial contra personas de ascendencia judía.

4.- Twitter suspendió su cuenta para no prestarse a su bajeza.

5.- México necesita un clima de respeto, tolerancia y conciliación, no de confrontación ni encono.

Andrés Manuel no está “considerando” darle un puesto. Sólo dijo que, como a cualquier analista, lo “tomaría” en cuenta.

Descreo que Jalife sea el “representante extremo del discurso del odio”. Que su pendejez tenga y le den cajas de resonancia, problema de los medios que lo acogen. Erigir a Jalife como el extremista número uno de las redes sociales es un disparate. Jalife es como el loquito de Cinema Paradiso gritando que la plaza es suya. Le dan una importancia inmerecida.

Twitter tiene sus reglas y qué bueno. El Gobierno de la 4T tiene las suyas.

Hasta ahora la temperatura mexicana de la vida pública, al menos la ejercida por Andrés Manuel, es de respeto, tolerancia y conciliación.

Los intelectuales confunden la función pública con la vida pública y con las redes sociales que, repito, tienen sus propias regulaciones.

En fin, yo os aseguro que Jalife difícilmente entrará en el Reino de la Cuarta Transformación. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que el tal Jalife entre al Gobierno. Ni aquí ni en China.

Intelectuales, no necesitan vetar a Jalife, ése ya se vetó solito.

@ruizjosejaime

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