Por Félix Cortés Camarillo.

When the dawn comes

Tonight will be a memory too

And the new day will begin

Andew Lloyd Weber, Memory, del musical Cats

La historia, ya se sabe, está armada de pequeñas leyendas que a veces tienen visos de verdad.

Un lanchón llamado Granma zarpó de Tuxpan, Veracruz, el 25 de noviembre de 1956 con 82 cubanos a bordo cuyo propósito era derrocar al régimen de Fulgencio Batista. Iban a llegar en siete días, para dar oportunidad a que movimientos locales distrajeran a las tropas del gobierno para facilitar el desembarco. El mal tiempo les hizo llegar a la provincia de Oriente tres días después; de los 82, dice la leyenda, solamente veinte, entre ellos los hermanos Fidel y Raúl y el argentino Ernesto Guevara, lograron treparse a la Sierra Maestra, a donde los “casquitos” –que así llamaban a los soldados de Batista– no se atrevían a entrar. Tres años después, la Noche Vieja, Batista agarraba con lo que pudo y su familia y en un avión huyó a República Dominicana para que días después los barbudos entraran a La Habana como ejército triunfador sin haber disparado ahí un solo tiro.

Ayer, la oposición venezolana intentó un golpe largamente esperado: convocar a una rebelión popular –pero sobre todo militar– que derrocara a Nicolás Maduro.

Menos de doce horas después de iniciada, la Operación Libertad parecía haberse desinflado. Leopoldo López López, el emblemático líder de la oposición en contra de Maduro, quien purgaba una condena de 13 años en arresto domiciliario y había sido liberado la madrugada de ayer, entraba con su esposa Liliana y la hija de ambos a la embajada de Chile en Caracas, en calidad de huéspedes. 25 militares de rango medio y bajo habían evitado la metáfora y pidieron asilo político a la embajada de Brasil. El presidente “interino” Juan Guaidó todavía no aparecía cuando esto escribo. La aventura antidictatorial parece haber fracasado.

Volviendo a lo de Cuba, hay que tener en la memoria que durante más de cincuenta años la oposición anticastrista se la pasó prometiéndole a sus seguidores el derrocamiento de Fidel y Raúl. Nunca lo logró por dos factores: primero porque el apoyo de los distintos presidentes de los Estados Unidos a sus esfuerzos fueron solamente de dientes para afuera, como se demostró en la invasión de Bahía Cochinos en la que los aviones gringos de apoyo jamás aparecieron. En segundo sitio, porque nunca procuraron –o no lograron– la complicidad de los militares dentro de la isla.

Es probable que los Estados Unidos hubieran enviado a los soldados colombianos o brasileños como cabeza de playa para luego apoyar esa intervención con sus propios marines. Siempre y cuando los opositores a Maduro tuviesen un apoyo de una parte sustancial de la oficialidad chavista. Nunca se vio.

La historia suele ser ilusoria, pero igualmente ilustra. El que no aprende de la historia corre el peligro de cometer los mismos errores.

felixcortescama@gmail.com

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