Por Carlos Chavarría.

El presidente López Obrador podrá en su imaginación suponer que de cierto existe alguna suerte de gran conspiración que ha nublado la mente de todos los expertos en diferentes temas y que solo él sabe la verdad, pero la realidad es apabullante cuando se trata de asuntos técnicos, no hay discurso que pueda cambiar los resultados.

Para el proyecto de la refinería en Dos Bocas, lo convencieron… Digo lo convencieron, porque el señor no es ni con mucho experto más que en hacer campañas electorales, de que era mejor concursarlo por invitación restringida, y de ahí su equipo de energía seleccionó a cuatro de las más grandes y reconocidas empresas dedicadas a ingeniería y construcción de alta especialidad en el mundo.

Las cuatro dejaron muy abajo y lejos el presupuesto de 8 mil millones de dólares y el plan de acabarla en 3 años, y en conclusión ahora lo convencen de que sea el propio PEMEX y la Secretaria de Energía las que ejecuten el proyecto con su “talento” interno.

Bechtel es una de las compañías de ingeniería y construcción más experimentadas del mundo y su respeto no lo ganó con discursos sino a base de conocimientos y, al igual que otras empresas concursantes, esa es su ventaja competitiva: el conocimiento.

A la generalidad de los presidentes mexicanos, tanto al actual como a los que les precedieron, poco les importó la revolución del conocimiento que se inició desde los 80´s del Siglo XX y en la cual, como todos los países, tuvimos la oportunidad de subirnos.

CONACYT concedió becas a miles de mexicanos para que estudiaran sus posgrados en diversas áreas y todos ellos, al regresar, se encontraron con que en México nadie premia al conocimiento.

Ni al sector privado ni al sector público les interesa incentivar y premiar el conocimiento. A los primeros les interesan las finanzas y no pagan por ingeniería local mexicana. Cuando requieren tecnología la compran fuera, pero eso no internaliza el conocimiento tecnológico.

Del sector público poco hay que decir: cambian las administraciones, y a “reinventar” al país. Todo el tiempo se pierde en grillas y dispendio.

Al presidente se le hace fácil, porque alguien lo convenció de que es fácil, hacer aeropuertos, trenes, y refinerías de petróleo; y claro que sería sencillo, pero en un país que sí haya cultivado con paciencia la ciencia básica, la ingeniería y la administración de obras, pero no es el caso de México.

Por supuesto que en las universidades de México existe la ciencia básica para diseñar una refinería de petróleo, y claro que en el Instituto Mexicano del Petróleo sobran ingenieros capaces algún día de hacer los proyectos conceptuales y ejecutivos, pero mientras nosotros nos la hemos pasado 100 años en grillas y politiquerías, la tecnología avanzó en el mundo, y nosotros no tenemos ese activo, por más que le hablen al oído al presidente con lo que él quiere escuchar, bueno oir, porque escucha poco y sólo lo que coincide con sus ideas.

Por supuesto que es posible hacer que un tanque de guerra vuele, con alas de suficiente envergadura y motores de la potencia requerida el artefacto volará, pero no será lo más eficiente y al final haremos el ridículo, como los que hacía Howard Hughes que creía que diseñaba aviones.

Nuestras deficiencias en desarrollo de tecnologías son demasiadas y es porque no existe nada que incentive su evolución. No en balde la mayoría de los gobiernos destinan financiamientos importantes a las universidades para que realicen investigación tecnológica, pero aquí en México también las universidades siguen la lógica grillosa del gobierno y los recursos se tiran a la basura.

Que dramática coincidencia que justo cuando se presenta el Plan Nacional para el Desarrollo queda en evidencia el documento en sí, porque muy poco espacio se dedica a este ahora tan necesario tema para nuestro presidente.

Mientras en el gabinete sólo se reconozca a personas que para todo responden “Sí, señor presidente; sí se puede señor presidente; como usted diga, señor presidente”, el futuro de México está escrito y nada se transformará, más bien se de-construirá.

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