Por Manuel ‘Beam’ Ibarra.

La credibilidad de Víctor Trujillo, alias “Brozo”, ha ido en picada desde que saliera de TV Azteca en el año 2001 para incorporarse a las filas de la televisora que tan agriamente criticara durante muchos años.

En aquel entonces, su viejo amigo, el periodista José Ramón Fernández, lo llamó “traidor” y aunque posteriormente, muchos años después, el par se reconcilió, le ha sido imposible sacudirse esa acusación de “Joserra”.

La década de los “dosmiles” fue la era dorada en el aspecto laboral para Trujillo / “Brozo”. Dentro y fuera del personaje que lo llevó a la fama, apareció en diversos programas de “información” y opinión en el Canal 2 de Televisa y en muchas otras señales de televisión abierta.

Pieza clave de su carrera “informativa” fue su participación en los “videoscándalos” del 2004, el cañonazo inicial de la guerra sucia en medios tradicionales contra Andrés Manuel López Obrador, una operación sucia encabezada por personajes como Vicente Fox, Diego Fernández de Ceballos y Carlos Salinas de Gortari, para evitar que AMLO llegara a la presidencia en 2006.

Los videoscándalos fracasaron, Bejarano (a diferencia de muchos funcionarios corruptos del PRIAN) pisó la cárcel y a Andrés Manuel le tuvieron que arrebatar la presidencia con un fraude que tuvo como resultado la desastrosa y fallida “guerra contra el narco” del espurio Felipe Calderón, quien intentó legitimarse a toda costa, a cualquier precio.

Mientras el país estaba en llamas, mientras tanto, Víctor Trujillo / Brozo seguía cobrando los jugosos cheques que le correspondían como pieza clave de la “comentocracia” mexicana. Nada mal para un tipo que comenzó su carrera en una televisora estatal como lo fue “Imevisión”, a la cual, por su escaso presupuesto operativo, se le apodaba, con mucho sentido del humor, “inanición”.

La vida da muchas vueltas. La era de las vacas flacas llegó a la poderosa Televisa a mediados de esta década y como parte de varias medidas de austeridad que incluyeron la finalización de las “exclusividades” a su talento y el recorte del personal que recibía los sueldos más onerosos, se anunció la salida de Trujillo / Brozo a finales de 2016.

“Fuimos felices”, señaló en su momento Brozo / Trujillo, del fin de su relación con la televisora, no sin cierto dejo de amargura. Se acabaron, para él, los sueldos millonarios. Se acabaron los reflectores que otorgan el aparecer a diario en televisión abierta. Se acabaron los foros gigantes de la televisora de San Ángel. Se acabó el poder de amenazar impunemente a tuiteros desde su programa con frases como “ya te chingaste… voy sobre ti”.

Tras su salida de Televisa. No sólo ha sido la popularidad de Brozo / Trujillo la que ha ido en picada. También su relevancia. A su estancamiento en YouTube, en donde habitualmente es tundido en vistas por “YouTubers” que tienen una fracción de su “fama”, le siguió el fracaso de su proyecto en “Acustik TV”, una televisora con señalamientos de haber sido utilizada para lavar y desviar dinero.

Ahora, Brozo / Trujillo ya ni siquiera tiene un programa en una televisora pequeña, sino que transmite para radio y Facebook Live desde lo que parece ser un cuarto de azotea, lanzando invectivas e insultos contra el gobierno de López Obrador y quienes lo apoyan (entre el 70 y el 80% de los mexicanos, de acuerdo a encuestas recientes).

¿Tiene derecho “Brozo”, o Víctor Trujillo, de expresar su rencor, odio y amargura contra el gobierno actual y contra los ciudadanos que lo apoyan? Sí.

¿Tienen derecho los insultados por el rabioso “Payaso Tenebroso” y su alter ego Víctor Trujillo a responderle, a decirle que es cada vez más irrelevante, a señalarle que tiene poca o ninguna credibilidad? 1000 veces sí.

¿Están inventando Brozo / Trujillo y algunas otras personas un escándalo para intentar recuperar algo de la relevancia perdida por el ex comediante? Yo opino que sí.

Afortunadamente para Brozo / Trujillo, el actual gobierno no es un tribunal de la inquisición como sí lo fueron gobiernos anteriores, que con un simple gesto fulminaron las carreras de periodistas como Gutiérrez Vivó o Carmen Aristegui. El actual gobierno permite y garantiza la libertad de expresión aún en sus expresiones más estúpidas (si no, que le pregunten a Jorge Ramos), pero también se reserva el derecho a la réplica. Y eso me parece algo sumamente positivo.

Ni los periodistas, ni los payasos, son seres puros e inatacables, que se encuentran más allá de la crítica y el análisis. “Comen y cagan”, como dijera el lépero que alguna vez se creyó “líder de opinión” y que hoy sólo funge como bufón de la más rancia ultraderecha mexicana.

Posdata: curándome en salud de los “argumentos” de los conservadores fanáticos de Brozo, el hecho de que el tipo sea irrelevante no le quita el hecho de que durante 24 horas haya vuelto a surgir en el radar por sus insultos. Mañana, ya no me acordaré de él. Saludos.

@Manuel_Ibarra

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