Por Félix Cortés Camarillo.

La situación del medio ambiente en la ciudad capital no ha cambiado; lo que permanentemente muta es el modo de su evaluación y las decisiones políticas que se toman en consecuencia: suspensión de clases en todas las escuelas, doble hoy no circula, alarmantes disposiciones cuya intención parece ser desviar la atención de otros problemas graves que afectan a la gran ciudad.

Las grandes capitales, especialmente las europeas han sabido enfrentar grandes males con grandes remedios. Ingresar con vehículo al centro de Londres o Madrid afecta al bolsillo de quien quiera hacerlo, por mencionar una de las medidas más efectivas para civilizar los núcleos urbanos. El que no paga, camina.

Desde luego que estas disposiciones punitivas vienen precedidas por la existencia de un servicio de transporte público eficiente, limpio, seguro, puntual y eficaz que hace la posesión y uso de un automóvil particular un privilegio caro cuyo uso se limita voluntariamente. Lo mismo en Estocolmo que en Madrid o Londres. Metro, autobús, trenes llamados de cercanías.

Lo mismo pasa en Nueva York, sin restricciones para el ingreso vehicular a Times Square. Conozco a muy pocos –y esos son ricos, muy ricos– que poseen un automóvil en la Gran Manzana. El que no quiere tomar un taxi ni subirse al metro o al autobús, alquila una limusina con chofer y se acabó.

El transporte urbano en todos lados es un desastre. Depende del empeño que los municipios le hayan invertido. En Los Ángeles es inexistente, y el que no tiene un automóvil chico, mediano o Bentley, no tiene derecho a la existencia. En Moscú es extraordinario, porque la mancha urbana no ha alcanzado las dimensiones de un Monterey o una CDMX.

Lo único que se antoja como solución a este embrollo es la destrucción de las grandes urbes. De Nueva York y de Los Ángeles se va a encargar el sobrecalentamiento de la tierra, que eleva el nivel del mar un poquito cada vez. Acabaremos viendo inundados Acapulco, Mazatlán, Veracruz, Tampico o Los Cabos. Claro, eso no lo vamos a ver nosotros, los de ahora.

Lo que tampoco vamos a ver es el transporte urbano civilizado. Como tampoco veremos pasajeros civilizados.

felixcortescama@gmail.com

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