Por Manuel Díaz.

La guerra comercial y migratoria declarada por el presidente de Estados Unidos Donald Trump a México, es sólo un tema mediático del mandatario estadounidense frente a sus verdaderos enemigos, los demócratas. La perorata twittera de Trump se lanza el mismo día que los tres países firmantes del T-MEC mandan el Tratado a sus respectivos Congresos para su ratificación.

¿Política de tweets?

El presidente estadounidense a través de un twetter anunció un arancel del 5% en todos los productos importados desde México a partir del 10 de junio. Este gravamen, dijo, irá aumentando gradualmente —hasta llegar al 25%— mientras no perciba una mejora en el control de los migrantes.

A esto México reaccionó de manera inmediata a través del Subsecretario de Relaciones Exteriores para América del Norte y principal negociador de la administración del T-MEC, Jesús Seade, quien declaró que “lo natural y la reacción intuitiva” sería responder “ojo por ojo” con un arancel espejo del 5% a todas las importaciones de EE UU. “Pero sería irse a la jungla, cuando estamos queriendo ir hacia algo bueno, un nuevo acuerdo comercial”. Por su parte el presidente López Obrador emitió una carta fijando la posición de México a evitar la confrontación y pidiendo que “se recurra al diálogo, actuando con prudencia y responsabilidad”, mientras que el canciller Marcelo Ebrard, anunció que estará viajando a Washington para buscar mediante el diálogo, un punto de acuerdo con la administración Trump.

La trampa

Lo cierto es que las amenazas de Trump son una trampa para México, son algo así como caer en la provocación y terminar por hacerle el caldo gordo en sus aspiraciones reeleccionistas.

Es fácil mostrar que Trump nos quiere utilizar de patiños, porque su posición es poco admisible y racionalmente incorrecta.

El anuncio de Donald Trump es una amenaza inviable y que en todo caso deberá pasar por su Congreso para ser cierta, también tiene que pasar a consulta con sus propios sectores productivos la posibilidad de establecer aranceles unilaterales, por lo pronto, lo único que mandó al Congreso el día de ayer, fue la propuesta de ratificar el T-MEC.

El mandatario no puede por decreto establecer aranceles como lo hizo con el acero y el aluminio, en esa ocasión lo hizo bajo la regla 232 de seguridad nacional, en este caso no puede argumentar que “todo” es seguridad nacional, es inconstitucional en Estados Unidos y no lo puede hacer. De querer realmente hacerlo, tendría que irse a un proceso muy largo de negociaciones y consultas con los sectores de su país, considerando también que tal disposición es contraria a la OMC donde México tiene el estatus de Nación Más Favorecida y por su puesto es violatoria a lo que establece el TLCAN.

Afectan más a EE.UU. los aranceles.

Otro efecto pernicioso de la propuesta de Trump y que hace difícil que se concrete, es que de inmediato tendría un efecto inflacionario en su país, lo que, visto políticamente, le restaría muchos, pero muchos votos.

En materia migratoria, México ha sido muy receptivo a las disposiciones y preocupaciones de Donald Trump y la administración actual ha trabajado fuertemente en el tema, como bien lo ha estado informando el canciller Marcelo Ebrard.

Al que más le conviene que no se paguen estos aranceles es al propio Donald Trump, pero necesita meter el tema migratorio en su agenda.

Sin embargo, en México algunas voces están entrando en la trampa, ya sea por razones electorales, ya sea por razones de la guerra soterrada que existe entre algunos funcionarios de la administración o ya sea, también, por un cálculo político de cara a las elecciones del próximo domingo.

@diaz_manuel

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