Por Félix Cortés Camarillo.

Para sorpresa de los aficionados españoles hoy se decide en Madrid la copa de campeones de Europa entre dos equipos británicos, el Manchester City y el Liverpool. Además de frustrados, los madrileños están llenos de temores porque hay más de cien mil ingleses en Madrid, la mayoría de los cuales no tienen los carísimos boletos para el partido ni pasaje de regreso para la isla. Y los fanáticos ingleses al futbol acuñaron el término fatídico de hooligans.

El encuentro deportivo se da en medio de una crisis ética del futbol profesional. Las revelaciones sobre la corrupción dentro de la FIFA, centrada mucho en los países de la llamada CONCACAF, el cabús del futbol mundial que incluye a los tres países norteamericanos y una chiquillada de tan deficiente futbol como de perfil muy bajo de honestidad.

La UEFA, que es la organizadora del juego de hoy, anda a las agazapadas tratando de destruir a la FIFA con una medida de mercadotecnia impecable. Los equipos grandes del futbol europeo –los dos españoles, los tres alemanes, los cuatro franceses–, pretenden romper la Champions para sustituirla por una liga profesional a la manera de la NFL norteamericana: Nos reservamos el derecho de admisión. Dice Deloitte, profesionales de la inversión, el futbol de Europa tuvo ganancias de 28 mil millones de dólares la semana pasada, casi el total de lo que ganaron combinadas el beisbol de grandes ligas, la liga de hockey sobre hielo y la NFL.

Si uno se entera que el Chelsea es propiedad de un magnate ruso del gas, Roman Abramovich; el Paris Saint Germaine de la capital francesa pertenece al Emir de Qatar; y otro mayor complejo europeo es de la clase gobernante de Abu Dhabi, queda claro que el asunto no tiene que ver con las patadas sino con los millones de euros. Así lo documenta un ensayo interesante del New Yorker esta semana.

PILÓN.- Las consecuencias de la implementación plena de las amenazas arancelarias en contra de México anunciadas el jueves por el presidente Trump serían, desde luego graves. Una reacción similar –recomendada y recomendable– por parte de México vendría a echar más gasolina al fuego.

Ambos países están entrelazados firmemente en una relación comercial que los obliga a prudencia múltiple e inteligencia extrema. El arancel progresivo, del cinco al veinticinco por ciento a partir del 10 de junio, en cinco meses, a todas las exportaciones de aquí para allá, acabará eventualmente lesionando al consumidor final, que tendrá que pagar precios más altos por los productos mexicanos, esencialmente agrícolas, pero es inevitable que dañe de pasada a los productores mexicanos en el volumen de sus ventas.

Si, en reciprocidad, México impone un gravamen equivalente a todo lo que viene de allá para acá perjudicará a los productores de los Estados Unidos de todo lo que nos venden, que no es poco. A final de cuentas, sin embargo, nos puede resultar en precios mucho más altos para el maíz, la carne, y sí, la gasolina.

Lo que no se puede negar es que los dos presidentes, con sus twetts y la respuesta epistolar, vieron subir sus bonos de popularidad entre sus paisanos. La fanfarronada de Trump cumple con las expectativas de mano dura que los gringos sus partidarios le exigen hacia México. La actitud serena y firme de Andrés Manuel López Obrador corresponde a la firmeza que muchos mexicanos le han pedido al presidente frente a las provocaciones del gringo.

Ahora, independientemente de cuál sea el próximo paso de ambos gobiernos, el hecho es que Trump y López Obrador no están pensando en una espectacular y dañina para ambos países guerra comercial. Los dos tienen en mente, evidentemente, su permanencia en futuras elecciones, en el poder: física o vicariamente.

Y a los dos les sirve la actitud asumida en estos días.

felixcortescama@gmail.com

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