Shakira intentó demostrar este jueves, en su declaración como investigada por fraude fiscal, que no residió en España hasta 2015, cuando escolarizó a su hijo Milan y empezó a construir algo parecido a una “familia tradicional” junto al defensa del Barça Gerard Piqué. Hasta entonces, era una “nómada sin raíces” -así se definió ante la juez- que vivía lo mismo en Nueva York que en Bahamas que, ocasionalmente, en Barcelona. La cuestión es clave en la causa que afronta por defraudar 14,5 millones a Hacienda: la Fiscalía considera que, entre 2012 y 2014, ya era residente en España y debía pagar aquí sus impuestos.

Shakira no fue Messi. No atribuyó la gestión de su economía a familiares cercanos -“de la plata se ocupa mi papá”, dijo el astro argentino- sino a “los mejores asesores”, que ella misma contrataba para estar tranquila. Según fuentes judiciales, mencionó su fundación en Colombia, Pies Descalzos, y también aludió a su condición de asesora de Obama para indicar que no podía permitirse el lujo de perjudicar su reputación. De ahí que se pusiera en mano de unos asesores en los que sigue confiando, expresó en una declaración de hora y media en la que solamente respondió -con aplomo y solvencia, desgranando las circunstancias personales de su vida- a las preguntas de su abogado, José Ángel González Franco.

No entiende la artista colombiana cómo, después de devolver las cantidades presuntamente defraudadas a Hacienda, afronta un proceso penal por seis delitos fiscales. Ni cómo puede sostener la acusación que vivía en España cuando la realidad es que no tenía un domicilio fijo. Shakira dio detalles sobre los “compromisos profesionales” que mantuvo esos años y que prueban, en su opinión, que vivía un poco en todas partes. Citó especialmente la grabación del programa The Voice, en Estados Unidos, que le obligó a pasar temporadas enteras en aquel país. En cualquier caso, insistió, no pasó la mitad del año más un día en España, el criterio legal para considerar que alguien es residente fiscal.

Hacienda investigó la vida de la artista -buceó en sus redes sociales, acudió a su peluquería habitual de Barcelona- para llegar a la conclusión de que, desde 2012, su morada estaba en la capital catalana. Por mucho que tuviera “ausencias esporádicas” por motivos de trabajo. Para Shakira, ocurrió justo lo contrario. Las visitas a España fueron esporádicas al principio, para hacerse más frecuentes a medida que se afianzó su relación con Piqué. Incluso cuando la pareja tuvo a su primer hijo, Milan, eso no le ancló en Barcelona. “Era una mamá canguro”, deslizó antes de explicar que se llevaba a su hijo con ella a todas partes, y que incluso le amamantaba en el set de The Voice.

La idea de instalarse en Barcelona empezó a fraguarse poco después de que Piqué renovara (junio de 2014) con el equipo azulgrana. De lo contrario, explicó, se habrían marchado a cualquier otro lugar. Shakira insistió en esa idea de ciudadana del mundo sin ancla: sus vínculos familiares estaban en un lugar; los personales, en otro; y ella, viajando y casi siempre perseguida por la prensa. Detalló ante la juez y la fiscal que dispone de una vivienda en Perpinyà (Francia) donde se aislaba de los periodistas y donde acudía a pensar y a escribir canciones. Todo eso no cambió hasta 2015, por eso considera que es poco apropiado tomar la foto actual -una familia con dos hijos- y trasladarla a los años a los que alude la Fiscalía.

En su querella, la Fiscalía detalla que los asesores de Shakira crearon una “estructura societaria” en paraísos fiscales para ocultar sus ingresos. A preguntas de su abogado, la artista explicó que el diseño de esa red de empresas, en 2007, fue obra de su expareja, Antonio de la Rúa. La relación se rompió cuando Shakira conoció a Piqué y De la Rúa siguió instalado en la casa que antes compartían en Bahamas.

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