La muerte de una hembra de elefante en el Parque Zoológico “La Pastora”, administrado por las autoridades estatales, le trajo otro dolor de cabeza al gobierno que encabeza Jaime “El Bronco” Rodríguez Calderón.

“Pancha”, como llamaban al paquidermo, murió el pasado 10 de mayo a la edad de 35 años, y sus funerales iban, “como Dios manda”, hasta que alguien notó que al animal le faltaban los colmillos, sí, esas piezas de marfil que en el mercado negro pueden alcanzar cifras estratosféricas, calculadas, según un periódico de Monterrey, en unos 8 millones de pesos.

Poco duró la crisis, porque ayer por la tarde el Gobierno del Estado envió un comunicado acompañado de un video con una explicación por parte de Roberto Chavarría Gallegos, Director de Parques y Vida Silvestre de Nuevo León.

Y sí, la crisis duró poco, pero las dudas siguen, porque en el video de marras, en el cual Chavarría Gallegos, el principal sospechoso de haberse aprovechado de los colmillos que ya aparecieron, mostró las piezas del paquidermo… con huellas de haber sido acerradas.

Y uno se pregunta para qué había que cortarle lo colmillos al cadáver de la elefanta… Qué necesidad.

El golpe a la credibilidad de Chavarría Gallegos está dado y difícilmente va a limpiar su imagen, pese a que alegó que “la idea es donarlos a la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Autónoma de Nuevo León para que los estudiantes puedan tener acceso y ver cómo es un colmillo y de qué forma está constituido”.

La crisis me hizo recordar un cruel chascarrillo de mi infancia: Cuentan que los empleados y artistas del circo que llegó al pueblo no paraban de llorar. Cuando les preguntaron el por qué de su pena, a coro contestaron: “¡Es que se murió el elefante!”. “¿Y lo lloran porque lo querían mucho?”, les inquirieron, y a coro contestaron: “Lloramos porque tenemos que cargarlo y enterrarlo”.

obedcampos@gmail.com

@obedc

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