Por Carlos Chavarría.

A los seres humanos se nos da la fe y cómo no. Ante la incertidumbre tenemos fe, ante el riesgo tenemos fe, hacia el futuro usamos también la fe, y casi ante cualquier circunstancia cuando debemos tomar decisiones, lo hacemos con la fe por delante.

A pesar del conocimiento y aun en contra de él, tenemos fe. Así de fácil es entonces que aparezcan gentes que, acrecentando nuestra fe, abusen de nosotros. En cierta forma todos los lideres lo han sido porque reconocen que la fe cimenta la esperanza y ésta es la más traicionada.

El surgimiento del espíritu religioso fue primero que la filosofía, y el “ser bueno”, que es superior a ambos, ha sido abusado desde que el hombre es homines religiosi.

A pesar de los avances del escepticismo y el trabajo de tantos ilustres pensadores, además de la muy obvia convergencia con la filosofía de las instituciones religiosas para que las recompensas no sean solo asunto posterior a la muerte física y sea también aquí en la tierra, donde concurran el imperio de lo bueno y las buenas cosas, a pesar de todo esto, la mayoría de los seres humanos aceptamos de buena gana el sometimiento a todo lo dogmático para evitar el debate y la confrontación.

Ante los abusos que por la fe que se han cometido a lo largo de la historia todo el tiempo vuelven a aparecer nuevos casos de barbaridades cometidas usando a la propia fe como imán y control de la voluntad, y todas las organizaciones religiosas y no religiosas callan.

Hay algunas que incluso asumen que los terribles hechos imputados a líderes “religiosos” y dueños de iglesias, son un asunto de competencia entre sectas por un mercado que resulta ser muy lucrativo como para poder pagar una fianza de 50 millones de dólares, asunto que por otro lado y en sí mismo, debiendo ser escandaloso recibe poca atención de la sociedad y sus órganos de gobierno.

El padre Maciel, la tragedia de Waco Texas, los 950 suicidios asistidos por Jim Jones en la Guyana, las violaciones de menores en Boston por sacerdotes, etc., son sólo un mínimo ejemplo de las atrocidades que se han cometido abusando la fe. En ningún parte como alrededor del tipo religioso se ha desarrollado tanta falta de sentido y tanta superstición.

Que nadie se ofenda, el pensamiento mágico lo invento la humanidad mucho antes que la divinidad se hiciera presente y aun en nuestros tiempos negamos la racionalidad casi en todos los órdenes de la vida, sobre todo en lo colectivo, en lo político.

Tanto en los pueblos considerados como atrasados respecto a la Europa del Mediterráneo, como en los que se asumen como más civilizados, se ha manifestado sobre nuestro mundo la neurosis o manías religiosas con sus tres peligrosas recetas, la voluptuosidad que se convierte en penitencia, la negación del mundo y el aniquilamiento de la voluntad de cambiarlo por algo mejor.

El problema no está en la religiosidad o la interpretación que del mundo que cada quien desee hacer, al final es un asunto de incumbencia privada y personalísima, la gravedad está en las muy obvias manipulaciones de la historicidad para relevar al análisis crítico de cualquier función útil y que sea el dogma la respuesta a todo.

En los EEUU no está bajo juicio iglesia alguna, está indiciado un mexicano que, como muchos, ha manipulado la fe de los creyentes para su beneficio y al que se acusa por delitos bastante execrables como han sido otros individuos de distintas corrientes religiosas.

Es curioso que los líderes religiosos son juzgados por los efectos de su carnalidad que los trastorna, pero al igual que los políticos, que son del mismo tipo de abusadores; nunca se les juzga por el enorme engaño que cometen al traicionar las esperanzas que con toda intención nos crearon.

Debemos enseñarle a nuestros niños los límites del albedrío, para que siendo buenos seres humanos y habiendo hecho cosas buenas, no tengan que arrodillarse ante nadie y si llegada la mala hora desean implorar, sea pues, y que cada quien tenga sus cuentas en el orden que le dicte su conciencia.