Por Félix Cortés Camarillo.

Y aconteció después que tentó Dios a Abraham y le dijo:

Toma ahora tu hijo único Isaac, que amas,

y vete a tierra de Moriah y ofrécelo ahí en holocausto

sobre uno de los montes que yo te diré.

Génesis 22, 1,2

La historia a la que aludo arriba se extiende en el resto del capítulo bíblico, pero lo cierto es que Abraham lleva la instrucción hasta sus penúltimas consecuencias, en las cuales Jehová, reconociendo la ciega obediencia de Abraham, detiene su mano a punto de degollar a su hijo Isaac y hacerlo barbacoa en honor a Dios; a cambio de ello le prodiga en su esposa una enorme prole que según esto son nuestros orígenes, y que incluyen a los nacidos por Mila, su esposa, con Nachor, hermano de Abraham y otros, como Huz, Buz, Kemmuel, Chesed, Hazo, Pidlas, Jidipad y Bethuel. Le paro aquí; el que quiera más descendientes que acuda al primer libro de la Biblia. Capítulo 22 y los que siguen.

Hay un exquisito cuento breve del judío Woody Allen a partir de este episodio bíblico. Cuando Abraham defiende su conducta ante el patrón, éste le dice en el cuento de Allen “algunos hombres obedecen cualquier orden por cretina que sea, mientras la formule una voz resonante y bien modulada”.

Ayer fue destituido del CONEVAL, donde sirvió como secretario ejecutivo catorce años, Gonzalo Hernández Licona y fue sustituido por el doctor José Nabor Cruz Marcelo.

Aquí no se trata de discutir los méritos académicos o profesionales de ninguno de los dos protagonistas de esta telenovela política; no conozco a ninguno de ellos. Aquí se trata de la fe y de la ciega obediencia a cualquier orden, por cretina que sea. Hernández Licona recibió la orden draconiana de reducir –como recibieron todos– la plantilla de su personal de alto rango. En términos reales eso significa correr a 14 funcionarios, con nombramiento hoy innombrable de Secretario Adjunto.

El viernes, Hernández Licona, jefe de una institución autónoma se inconformó con la medida e ipso facto fue cesado. De inmediato el doctor José Nabor Cruz Marcelo ocupó su lugar. Yo no le envidio la silla.

La intolerancia está avanzando a pasos agigantados.

Ayer en su perorata matutina, el presidente López se lanzó contra la prensa –equivocada o no– que no está de acuerdo con él. Con una vacuna en salud, como acostumbra, defendió el derecho a la disidencia, pero esgrimió el criterio de que para poder criticar hay que ofrecer soluciones alternas. En otras palabras, solamente pueden criticar los que se adhieran a la 4 transformación.

El mensaje del presidente López es muy simple, directo, comprensible y amenazador para la prensa de México: hay que tomar partido.

Si es el de Morena, mejor.

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