Por Eloy Garza González.

Víctor Vázquez, actor y director teatral, es uno de los mayores expertos en México de esa pareja conflictiva y genial que formaron Diego Rivera y Frida Kahlo. Los otros especialistas son Martha Zamora y el notable académico de Tlaxcala, mi amigo Jaime Ferrer (autor del gran libro “Pincel y Lira: Frida Kahlo y Miguel N. Lira”). Añado a esa lista a una excepcional narradora oral que encarna casi literalmente en Frida cada vez que la interpreta: Zyanya Mejía Nambo.

Durante muchos años —ya no es precisamente un jovencito— Víctor Vázquez ha montado obras teatrales sobre Frida, desde los más diversos ángulos: la ternura, la crudeza, la parodia y el desengaño. Las mejores son las escritas por él mismo. Conoce tan bien a Frida, que metido en el papel de Diego, goza torturándola psicológicamente. Y viceversa: sufre como víctima del Santo Oficio cada vez que la Kahlo le es infiel (o sea, muchas veces) o lo engaña con íntimos y extraños, celebridades o seres grises, con hombres y mujeres por igual.

Este juego de codependencia, que lastró la vida de ambos, fue también el móvil para que Frida detonara sus delirios pictóricos. Dirigiendo a varias actrices (todas admirables), en el mismo papel atormentado de la excepcional artista, Víctor ha llegado a dominar en el escenario ese tramo histórico de nuestro país de la primera mitad del siglo XX, que tanto nos marcó a los mexicanos. Y lo ha ofrecido como espectáculo cientos de veces a un público fiel que abarrota siempre los teatros donde se presenta: lo mismo en Monterrey que en Guadalajara, en Guanajuato que en la Ciudad de México. Hace unos años hizo una gira muy exitosa por Colombia aún comentada en aquel país.

Víctor es un hombre de teatro completo: ha montado adaptaciones de Edgar Allan Poe y Lovecraft, así como dirigido obras de los principales autores vivos en México. Con un ojo al gato y otro al garabato, sabe leer el ánimo del público y le toca sus fibras más sensibles. Pero sin duda, la consagración de Víctor es la divulgación de la vida de Frida y Diego. Los conoce como la palma de su mano. Son como viejos conocidos suyos y a veces los trata como sus Conejillos de Indias.

No creo en las casualidades, por eso el destino hizo que Víctor hallara a la Frida Kahlo ideal en su propia hija, una prometedora actriz de apenas 18 años, bien fogueada en las tablas por culpa de su estricto padre: Adriel Vázquez. Juntos actúan en la emotiva obra de teatro: “Las Cartas de Frida y Diego”. Estoy seguro que Adriel seguirá los caminos de Víctor y será pronto una figura teatral de primera línea en México.

Kahlo y Rivera se mantienen vigentes en el imaginario colectivo de México, gracias a divulgadores apasionados como Víctor Vázquez que no omiten señalar las virtudes y defectos más acusados de nuestra pareja mítica. Y esto es de lo más relevante en la trayectoria profesional de Víctor. Por eso lo aplaudo cada noche que asisto a sus representaciones teatrales.

eloygarza1969@gmail.com

@eloygarza

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