Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

La partidocracia es reciente en México: forma parte del neoliberalismo. No era democracia, fue concertacesión. Antes existía no una dictadura perfecta (Mario Vargas Llosa), ni siquiera una dictablanda (Enrique Krauze) sino un partido hegemónico (Octavio Paz). Diversos satélites crecieron y decrecieron (PPS, PARM) y otros aparentaban distancia (PSUM), aunque cómo olvidar al honorable Heberto Castillo y el Partido Mexicano de los Trabajadores.

El punto de inflexión se dio en las elecciones de 1988, la caída del sistema (Manuel Bartlett) y el fraude electoral. Ahí empezó, en realidad, el “haiga sido como haiga sido”. Carlos Salinas de Gortari tuvo qué confrontar a Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Ibarra, Manuel Clouthier, Heberto Castillo, Porfirio Muñoz Ledo. Aunque el PRI siguió en el poder, ya se gestaba el fin del partido hegemónico y el ascenso de la partidocracia.

Al nacer las concertacesiones, brotó la partidocracia, otro invento de Salinas de Gortari (“Concertacesión: Acto por el cual, en casos en los cuales los resultados oficiales de las elecciones no responden a una realidad sentida y constatada por electores, candidatos y partidos políticos, se destituye al ganador oficial y se cede el poder al candidato del partido que considera realmente haber ganado. Este fenómeno político se hizo evidente durante el período presidencial de Carlos Salinas de Gortari”. Diccionario electoral, INEP).

El matrimonio del PRI y del PAN había nacido, luego vinieron los testigos, como el Partido Verde y el Partido del Trabajo. El PRD se mantuvo firme mientras sus líderes se convertían en la verdadera oposición. La izquierda siguió la ruta de la “democracia” y pudo obtener la jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal con Cuauhtémoc Cárdenas. La ruta estaba trazada. El PRI cedió gubernaturas, diputaciones federales y locales, alcaldías al PAN, mientras tanto el PRD crecía lenta pero inexorablemente. Siguieron Zacatecas, Tlaxcala y Baja California Sur, Michoacán, Ecatepec…

El crecimiento de Andrés Manuel López Obrador se dio a la par de la profundización del matrimonio entre el PRI, el PAN y los poderes fácticos en el 2006, lo cual se mantendría incólume en el 2012 cuando Felipe Calderón le cede la Presidencia de la República al priista Enrique Peña Nieto.

El PRD, con intereses particulares de sus líderes, se integrará poco a poco a la partidocracia, como ujier en el salón privado del PAN y del PRI. Para 2011 Andrés Manuel ya preparaba su escisión del PRD con la creación del Movimiento de Regeneración Nacional que sería después el gran contrapeso para la partidocracia que tuvo su momento simbólico en la firma del Pacto por México, un acuerdo metaconstitucional que formalizó la partidocracia.

2018 significó el ascenso de un movimiento ciudadano traducido en votos y el principio del fin de la partidocracia. López Obrador logró lo imposible: hacerse de la presidencia. Ya como gobernante, este 2019, le da el puntillazo a la partidocracia al proponer rebajar drásticamente las prerrogativas.

“El anteproyecto por el cual se distribuyen los montos de financiamiento público que recibirá cada partido político nacional para el ejercicio 2020, asciende a un total de 5,239 millones 1,651 pesos, de acuerdo con el Instituto Nacional Electoral (INE)”, informó la prensa.

Ante ello, el presidente sugirió a los partidos políticos una reducción en sus prerrogativas del orden del 50 por ciento. Morena, a través de Yeidckol Polevnsky, no sólo le tomó la palabra sino que puso la vara más alta al proponer una reducción del 75 por ciento. Para el PRD el llamado de Andrés Manuel busca “asfixiar a la oposición política”. Movimiento Ciudadano comprometió y emplazó a Morena a demostrar que donó el 50 por ciento de sus prerrogativas tras los sismos del 2017, de ser así, aceptaría la sugerencia presidencial.

Claudia Ruiz Massieu aseguró que el PRI no se opone a la reducción del 50 por ciento, pero aclaró: “Si rebajamos parejo 50 por ciento el financiamiento, aunque suena muy bien, podemos distorsionar el propio sistema electoral y hay que decirlo con claridad, sería el pluripartidismo, la oposición, quien lo resentiría”.

El secretario general del PAN, Héctor Larios, afirmó que su partido no se opone a la reducción, pero sí habría que revisar el modelo actual de financiamiento: “La del presidente parece una intención muy positiva, pero en realidad lo que quiere el gobierno es acabar con la oposición porque ‘te reduzco el financiamiento público y adicionalmente no puedes recibir ningún otro ingreso’ para matarnos de inanición”.

¿A quién le conviene la reducción de los recursos a los partidos políticos y al INE? Al Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador que tendrá más recursos para invertir económica o socialmente. La reducción del financiamiento, en el fondo, es una propuesta política: terminar con la partidocracia inventada por Carlos Salinas de Gortari.

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