Por Félix Cortés Camarillo.

…con esta hiriente y absurda actitud?

Marco Antonio Solís ¿A dónde vamos a parar?

Por ahí, entre la abundante cobertura de la campaña de nutrición del presidente López el fin de semana, venía perdida la nota de la cancelación, por parte de Salubridad, del suplemento alimenticio para combatir precisamente la desnutrición, cuya entrega estaba destinada a los niños de comunidades vulnerables. Sin más ni más. El pretexto en esta ocasión es que no hay evidencia de que dicho suplemento sea efectivo. Eso, a partir de un análisis que se hizo de este suplemento, que simplemente determinó que no era adecuado.

La única esperanza de que no se vayan estos niños más pobres del país por el despeñadero de la miseria alimentaria, es que esta medida de barbarie se encuentre inscrita en la modalidad del popular programa, nunca enunciado, de lo mismo, pero con otro nombre.

En Zacatecas, el presidente López hizo una observación acertada: el exceso en el consumo de las bebidas gasificadas de alto contenido de azúcar constituye un impulso brutal a la presencia de la diabetes y la obesidad de los mexicanos. Lo mismo sucede con la ingesta de las frituras y otros alimentos de los llamados chatarra, y con eso todos los mexicanos tenemos que estar de acuerdo. Desde luego que López Obrador está consciente que una coca y un par de tortillas es la única dieta a la que tiene acceso una gran cantidad de sus paisanos. Qué bueno que quiera apartarnos de esos alimentos del chamuco.

Donde la puerca tuerce el rabo es cuando nuestro asesor en Nutriología se lanza a proponer una dieta basada estrictamente en maíz y frijol. Según el presidente, es igual de lesivo comerse unas bolsas de Sabritas con una Coca-Cola que comer carne, porque ésta suele ser tratado con hormonas para un rendimiento más benéfico para el productor.

Nada en contra del maíz y el frijol, que han sido la base de nuestra alimentación por siglos; esto no debe significar, sin embargo, amarrarnos al pescuezo la dieta de tortilla con sal y chile porque es muy mexicana, patriótica y republicana.

Propalar este pensamiento es igual a la metamorfosis a la que se están sometiendo los organismos e instituciones heredadas del pasado innombrable.

He escuchado fundados temores sobre la desaparición del Seguro Popular. A pesar de ser parte del llamado cochinero que dejó el neoliberalismo, en los años de su existencia ha proporcionado atención médica, con deficiencias y todo, a cientos de miles de mexicanos. Lo seguirá haciendo.

Ahora se va a llamar Sistema de Servicios de Salud y Medicamentos Gratuitos, coordinado por el nuevo Instituto de Salud para el Bienestar. Con las mismas partidas presupuestales, con los mismos apoyos, mecanismos de operación y efectividad o falta de ella. Simplemente con otro nombre, porque no somos los mismos. Son la misma gata, después de revolcones.

Los que seguimos siendo también los mismos sin revuelco, somos los mexicanos que no acabamos de ver siquiera las esperanzas de una seguridad médica como la de los países escandinavos, que conozco bien. Como conozco bien el sistema tributario de Suecia, Noruega y Dinamarca, en donde la tasa impositiva sobre los ingresos suele llegar a más del 70 por ciento. Solamente de esa manera se puede cumplir el sueño guajiro. Jamás será posible si el gobierno se sigue aferrando a la demagógica medida de no aumentar los impuestos ni crear impuestos nuevos.

Como dice el viejo proverbio norteamericano: With Money Dances the Dog.

felixcortescama@gmail.com

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