Colombia, Ecuador y Panamá, que desde 2008 se consolidaron como tránsito de una multitudinaria corriente de viajeros indocumentados de Cuba y luego de Venezuela, Haití, África y Asia en ruta a Centroamérica, México y Estados Unidos, comenzaron a reformar sus políticas migratorias para contener los masivos flujos de migrantes sin papeles.

El más importante fenómeno migratorio regional es el de los venezolanos que huyen de la profunda crisis política, socioeconómica e institucional de Venezuela.

Cálculos de instituciones especializadas de la Organización de las Naciones Unidas alertaron que 2019 cerraría con 5 millones de venezolanos esparcidos mayoritariamente en América y Europa, pero también en Asia.

Colombia, principal destino del éxodo venezolano, debate desde inicios de este mes en el Poder Legislativo una nueva ley migratoria que, entre otros actos, sanciona la trata de personas y la vinculación, contratación y empleo de extranjeros sin documentos, como los cubanos, haitianos, africanos y asiáticos que pasan por suelo colombiano procedentes de Guyana, Brasil, Perú y Ecuador rumbo a Centroamérica, México y Estados Unidos.

La ley “responderá a la nueva característica de la migración en Colombia, como país receptor y de tránsito de migrantes, y combatirá la criminalidad transnacional y organizada” en el negocio con los migrantes, dijo el canciller colombiano, Carlos Holmes.

Miles de africanos y asiáticos entran a Brasil y emprendieron un viaje sin visas por tierra y por mar hacia el norte de América, en un periplo al que suma gran número de haitianos que, víctimas del terremoto de 2010 en Haití, llegaron al gigante sudamericano a unirse a tareas por el Mundial de Futbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de Río en 2016.

Todos esos movimientos, junto al de los centroamericanos, llegan a las fronteras de México con Guatemala y EU, y Ecuador detectó distorsiones migratorias internas e impuso esta semana una visa de corta duración para ingreso de ciudadanos de 11 países de África y Asia: India, Sri Lanka, Irak, Siria, Angola, Camerún, Gambia, Ghana, Guinea, Libia y República Democrática del Congo.

Quito reforzó una medida similar que dictó hace varios años para personas de 12 naciones de América, África y Asia: Cuba, Corea del Norte, Afganistán, Bangladesh, Eritrea, Etiopía, Kenia, Senegal, Nepal, Nigeria, Paquistán y Somalia.

Ecuador eximió de visa 2008 a los cubanos y miles viajaron en avión de Cuba a Ecuador y en suelo ecuatoriano iniciaron un recorrido sin visas por tierra y por mar a través de Colombia, Centroamérica y México a EU, en un movimiento que causó una aguda crisis migratoria en 2015 y 2016.

Ecuador restableció la visa a los cubanos en diciembre de 2015. Un camino todavía abierto para los cubanos es Guyana, país limítrofe con el este de Venezuela al que entran sin visas.

Panamá anunció que cerrará el programa Crisol de Razas, activo a partir de 2010 y que regularizó a unos 350 mil extranjeros y sus dependientes. La nación suspendió, el pasado 24 de julio, la emisión en su consulado en Cuba de tarjetas de turismo para los cubanos, creada en octubre de 2018, y sometió el proceso a estudio.

La directora del Servicio de Migración de Panamá, Samira Gozaine, alertó que, ante el incesante arribo a esa nación cubanos, haitianos, africanos y asiáticos sin visas por la frontera con Colombia, “el gobierno panameño comenzará a hacer deportaciones por el cierre de fronteras en países del área a la movilidad humana ilegal”.

Nuevos parámetros.

Las acciones migratorias adoptadas por Colombia, Ecuador y Panamá, asediados por las presiones internas ante el descontento por el impacto de la llegada y la permanencia de los migrantes en la vida socioeconómica de los países, y las externas, con una crisis migratoria en América, se sumaron a las adoptadas por otros gobiernos de América Latina.

Desde Argentina y Chile, por el sur, a México, Guatemala y Honduras, por el norte, pasando por Costa Rica y Perú, los gobiernos establecieron principalmente en 2019 una serie de nuevos parámetros migratorios, en un escenario dominado por las políticas de repudio a los migrantes impulsadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras asumir el mando en la Casa Blanca en enero de 2017.

La situación migratoria se agudizó, en el caso de guatemaltecos, hondureños, salvadoreños, nicaragüenses, venezolanos, cubanos, africanos y asiáticos, por una permanente y prologada mezcla de conflictos socioeconómicos y políticos y de inseguridad y de violencia en sus países de origen. La acogida de migrantes en las naciones de destino pasa por calificar a los que, por un lado, sufren motivos económicos para migrar o, por el otro, los que enfrentan amenazas de muerte y razones fundadas por sexo, religión, política, nacionalidad o raza para escapar de sus tierras natales.

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