Por Félix Cortés Camarillo.

Hay miles de incendios consumiendo lo que se ha dado en llamar el pulmón de la Tierra, la selva del Amazonas, en Brasil. Se estima que esa vegetación que se está destruyendo contribuye con la quinta parte del oxígeno que necesitamos para sobrevivir.

Se necesita ser un ignorante con gran poder para seguir negando la mera existencia del sobrecalentamiento terrestre, como lo hace el ignorante y poderoso Donald Trump, mientras intenta quedarse con Groenlandia que además de ser una isla en proceso de deshielo es un enorme territorio, del tamaño de Argentina, que tiene bajo su cubierta helada muy preciosos minerales.

Ahora, no es solamente el sobrecalentamiento del planeta lo que está causando la destrucción de la Amazonia. Cierto, este verano ha sido particularmente bravo como lo han sufrido los países ibéricos y nosotros mismos en México. Pero todos sabemos que a un estío intolerante sucede una etapa de lluvias reparadoras. Si los huracanes que sucedan a Ivo no llegan con su carga, seguiremos con sed.

Pero hay otros factores.

La península nuestra del llamado sureste, que, si tomamos Aguascalientes como el ombligo de lo que nos dejaron los gringos y Santa Anna de territorio, Yucatán no está para nada en el sur. Pero, en fin, las tierras de Tabasco, Chiapas y Yucatán fueron ricos territorios para las maderas preciosas. El ébano y la caoba y el árbol del zapote, de donde fluye la resina que precisamente Antonio López de Santa Anna le regaló a un militar norteamericano llamado Adams para que se hiciera del nombre Chiclet´s, eran los bosques de nuestra península.

Los agricultores, molestos porque los árboles les impedían conquistar tierras para sus cultivos, comenzaron a quemar bosques. De la misma manera en que los brasileños están destruyendo su selva.

No hay bomberos que apaguen esta catástrofe; podrán enviar gigantescos aviones y helicópteros que ni Trump tiene para controlar los incendios.

Los seres humanos estamos destruyendo nuestro planeta. En ello somos especialistas.

PILÓN.- Como si tuvieran pocos motivos los boricuas para detestar al presidente del país al que sus gobernantes hace más de un siglo decidieron anexarse, ahora Donald Trump, que es un gobernante de ocurrencias -como otros que conocemos- tuvo la ocurrencia de comprar Groenlandia. Como la primer ministro de Dinamarca, que es la dueña de esa isla le mandó decir que nones, el pelipintado canceló la visita de estado que tenía programada. Pero eso no es todo. Le mandó decir a la señora que le proponía una catafixia: Puerto Rico, que es una isla, pero no es propiedad de los Estados Unidos, a cambio de Groenlandia.

De que los hay…

felixcortescama@gmail.com

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