Por Félix Cortés Camarillo.

Si no pudiera tener consecuencias fatales, el verdadero sainete que se armó por la carencia -que nadie quiere confesar- de medicamentos para los niños con cáncer en la Ciudad de México, sería motivo de risa loca. Todavía cuando esto escribo los medicamentos no habían llegado a los hospitales Federico Gómez, el infantil, y el de cancerología que carecían de ellos y la pelota se pasaba entre los laboratorios, la Cofepris, el director del IMSS y el Secretario de Salud. Y todavía se puede morir más de un niño que padece, cáncer por la irresponsable conducta de los encargados de arrimarles la medicina.

La primera deducción que podemos hacernos de esta estupidez compartida es, la deficiencia en capacidad profesional de los integrantes del gabinete del presidente López. Pero tal vez sean peor las fallas que manifiestan en su perfil de honestidad para aceptar sus responsabilidades: no hay que olvidar que su jefe, cuando hace mención de ellos antepone siempre su perfil moral al de sus capacidades profesionales.

Hubo de conocerse una dramática grabación en video de un niño, Erick, diciéndole al presidente López que no tienen medicinas para darle y que él no quiere morir de cáncer, para que todos nos enteráramos del desorden que reina en un supuesto rediseño de la adquisición de las medicinas en el sector salud del gobierno, para evitar una corrupción que damos por segura: en las administraciones pasadas, desde luego.

Fue necesario que un par de docenas de padres de esos niños que sin medicamentos están condenados a una muerte temprana bloquearan los accesos al aeropuerto en desgracia de la Ciudad de México para que la autoridad comenzara a moverse: con la agilidad que el paquidermo reumático dice haber heredado el presidente López.

Y lo trágico es que los medicamentos aparentemente sí existen, y están bloqueados por disposiciones burocráticas de Cofepris. Si a esto agregamos que el secretario de Salud Jorge Alcocer afirma que el medicamento que no llega, el Metrotexato, se puede sustituir por otro o que si no se administra un par de días no pasa nada, mientras otra autoridad médica dice que se tiene que administrar precisamente esa droga y no otra, y que es urgente.

Siempre he sostenido que la cultura de un país no se mide por las sinfonías que sus súbditos componen, las ruinas arqueológicas que en su tierra se producen o la poesía que sus poetas escriben. La cultura de una sociedad se mide por la calidad de atención que les brinda a sus minorías más desvalidas, sus ancianos y sus niños. Aquí se está jugando con la vida de niños.

El problema es muy grave. Puede ser una estrategia de criminal ocultamiento y especulación de quien maneja esas medicinas. Puede ser torpeza e idiotez. Lo que es indudable es que el presidente López, que presume de tener desde temprana hora un reporte detallado de todo lo que sucede en el país que gobierna, resulta que está mal informado. El presidente no está obligado a saber que no hay Metrotexato en las clínicas de seguridad pública, pero sí necesita tener a su lado personas serias, responsables, capacitadas y decentes, que no lo engañen. En el caso de las medicinas, en el caso de los ninis, en el caso del campo y sus becas de cinco mil pesos que se usan para comprar caguamas, en el caso de Dos Bocas, el Tren Maya o el aeropuerto de Santa Lucía.

El presidente no puede dejarse engañar.

felixcortescama@gmail.com

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