En julio de 2016, una noticia indignó a muchos mexicanos… aunque en verdad nos debió indignar a todos. En su colección de verano, la empresa argentina Rapsodia, presentó diseños claramente copiados de los diseños realizados por las artesanas oaxaqueñas del municipio de San Antonino Castillo Velasco. Aquello fue una advertencia para el Gobierno de México, pero parece que no tuvo mayores consecuencias, porque los diseños de los artesanos mexicanos, realizados durante décadas y hasta durante siglos, son copiados con impunidad por empresas como Zara, Carolina Herrera. Louis Vuitton, Etoile, etcétera.

En lo que a todas luces es una apropiación cultural, las casas de moda comercializan, banalizan y abaratan un trabajo que ni siquiera los propios artesanos se atreven a asumir como una obra personal, sino como el resultado de un acto colectivo donde la “marca”, si acaso, define las piezas por variantes regionales.

Esta dimensión humana y espiritual, pero de ningún modo comercial, queda muy clara en la voz de Éricka Carmona, que es capaz de llevarnos la fresca matutina, a la sombra de la Catedral de Oaxaca, para admirar los diseños de las artesanas de San Antonino. Con la misma alegría de una artesana zapoteca, Éricka teje, borda, deshila, cose, despliega en palabras los detalles de estos huipiles oaxaqueños. Así nos confirma que la verdadera marca mexicana es, sobre todo, consanguínea a la tierra; y que no puede ser propiedad intelectual de ninguno porque lo es del alma de una raza.

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