Por José Jaime Ruiz.

Las palabras, nos enseñó Julio Scherer, tienen dignidad. Compromiso y honestidad han recorrido el camino de Manuel Yarto, profesor universitario, periodista, bohemio inteligente, pero, ante todo, humanista. Creyente de la veracidad, estricto contra la mediocridad, Yarto ha sido un referente importante en su magisterio.

¿Por qué despidieron a Manuel Yarto de la Universidad Regiomontana (U-ERRE)? No lo sé. Como el John Keating de Dead Poets Society, Manuel fue, tal vez, un subversivo, pero a diferencia de muchos, no destruía, construía, edificaba, confrontaba e inventaba cada día en las aulas, en sus programas noticiosos.

Los dueños de la U-ERRE (qué sigla tan torpe), Dionisio Garza Medina y Dionisio Garza Sada pretenden una institución educativa donde “El resultado es esta universidad, muy vinculada con la industria”. ¿Y cuándo con la vida? ¿Acaso no con la política? ¿No fue Garza Medina quien reclamaba a un secretario de Gobernación la corrupción del gobierno? ¿No fue al que desde el gobierno le respondieron que su familia se había hecho enormemente rica por sus relaciones con el gobierno? ¿Quién rescató Alfa de sus acreedores, la empresa insignia, en su momento, de Monterrey? ¿Como con el Fobaproba, no fue el gobierno? ¿No fue quien se burló de una reunión de empresarios de “medio pelo” en la campaña de Andrés Manuel López Obrador?

No sé si las simpatías personales, y legítimas, de Manuel por Andrés Manuel le costaron su despido, renuncia o como le quieran llamar. Su generosidad tal vez no quiera ahondar en el tema. Pocas universidades en Monterrey crean emprendedores, casi todas están fundadas para crear empleados, ni empresarios ni investigadores. Algunas, como la UANL, padecen de corrupción y feudos; otras, como la UdeM, han tratado de combinar su desarrollo educativo con las humanidades. Las patito, como la Metropolitana de Alfonso Romo, sólo llegan a eso: patito.

Hay una crisis universitaria en el país. Hay que solucionarla. Despedir a los mejores académicos no es la ruta. Si nuestras universidades olvidaron su vocación universalista que lo digan. Si son centros de política, ergo, de negocios, también. Una despedida se convierte en bienvenida, Manuel Yarto lo sabe.

@ruizjosejaime

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