Por Carlos Chavarría.

Desde que los gobiernos emanados del PRI metieron tanto la pata en la economía y en su relación con la sociedad y eso los obligó a fragmentar y delegar su poder a otros personajes de distinto color y factura, el pueblo, siempre mudo por la represión soterrada que sostuvo al régimen, empezó a convertirse en la principal oposición a todo lo que significara gobierno y autoridad que no eran otra cosa más que sinónimos de mentira, corrupción y latrocinio.

El pueblo, el bueno y el malo, fue enseñado por las circunstancias a no creer en nada de lo dicho por los mismos personajes que en cada ocasión fueron “la oposición” y que una vez apoltronados en el poder hacían lo mismo que los antes vilipendiados.

En ese aprendizaje mucho tuvieron que ver los medios masivos de comunicación, que en una curiosa cohabitación con el gobierno encabezaban el sospechosismo popular alimentado desde la propia fuente de gobierno, su principal criticado, pero a quien al mismo tiempo debían su gran salud financiera.

Ahora nada cambia. Al presidente López Obrador se le olvida que él, como Fox, Calderón, y todos los detractores del régimen, han enseñado bien al pueblo y espera que con su titubeante discurso todo se les crea cuando al mismo tiempo el propio pueblo vía las redes sociales, el nuevo circo romano, están poniendo en evidencia las acostumbradas contradicciones entre el decir y el hacer.

En su “mañanera” del día del 11 de los corrientes el presidente dijo: “La política es éeeetica. Ya…, ya…, se…, acabó…, la…, corrupción…, y…, laaaaa…, impunidad”, en referencia a los trascendidos de las faltas enormes del poder judicial que desembocaron en la renuncia de un juez de la Suprema Corte y la suspensión de un magistrado.

El pueblo bien enseñado no se confunde, lo que dice el presidente no es más que discurso como todos han dicho. ¿Apoco él piensa que Bartlett es sinónimo de ética? ¿Ahora entregar contratos a compadres es ético? ¿Entonces ahora se trata de portarse mal para que te hagan caso, como los futuros maestros que secuestraron camiones y choferes para su causa y eso si es ético? ¿Existe algún fondo ético en lo que pretende Bonilla? ¿Es un gran moralista Napoleón Gómez en comparación con los demás líderes charros?

El Secretario de Educación, al ser cuestionado por las concesiones a la CNTE para traficar con las plazas de maestros, con un gesto que más que serio, pareció sombrío y respondió: “Ahí está la ley. Claro que nosotros respondemos por la parte federal, que es la mitad del sistema; las estatales es otra cosa”.

El Presidente le está apostando todo nuestro dinero a que con dádivas no pedidas consolidará su régimen y su partido. ¿Acaso ya olvidó que buena parte de su discurso oposicionista fue por largo tiempo apuntalado por los mismos programas sociales ahora rebautizados?

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