Por Félix Cortés Camarillo

Cuando se estaban peleando

que llega la madre de uno:

hijo de mi corazón,

ya no peliees con ninguno

“El Hijo Desobediente”

Don José Mujica, ilustre y prudente invitado especial a la arenga del Zócalo de este domingo, hizo un sacrificio para estar ahí, porque a su condición física no le va la altura de la Ciudad de México, cuando en realidad su destino era  Guadalajara en donde recibiría honores académicos en el marco de la Feria Internacional del Libro más prestigiosa del continente y una de las mejores del mundo.

El expresidente de Uruguay ha sido generoso en entrevistas con la televisión del estado, que no supo aprovechar al Solón que tenía enfrente. De esta suerte, el sudamericano tuvo que entrevistarse solo, y nos obsequió un monólogo interesante. Por su serenidad, buen juicio, y llamado a la concordia de los mexicanos.

Algo a lo que los mexicanos no estamos acostumbrados, cuando las víctimas mormonas de la matazón del otro día, cuando acudían a entrevistarse con el presidente López fueron agredidos verbalmente y llamados por el populacho anónimo -pero eso sí bien militante- pinches vendepatrias y traidores. Cuando las cotidianas apariciones del Primer Mandatario sirven sólo para la polarización, la descalificación de la disidencia, y el encono.

Mujica denunció ciertamente la cosificación a la que nos ha llevado la cultura del consumo, en donde la felicidad suele medirse por la posesión de bienes materiales aún a costa de sacrificar los placeres de las cosas simples, como la vida en familia.

Pero en el sustrato de todo su discurso había un llamado a la cordura y a la conciliación, que no a la complicidad y el perdón convenenciero. Lástima que el rating no haya sido el que se merecía.

PARA LA MAÑANERA.- Señor Presidente, con todo respeto: la única defensa que su gobierno ha podido esgrimir para defender su estrategia de abrazos no balazos ante el crimen organizado, ha sido echarle la culpa de toda la situación al suministro de armas que llega a nuestro país desde los Estados Unidos.  Naturalmente que algo hay de eso. No obstante, si la droga de México llega al territorio de enfrente, corresponde a ellos detectarla en las garitas fronterizas, los aeropuertos, puertos marítimos, costas desiertas y cruces fronterizos clandestinos.

Si eso vale de aquí para allá, debe valer también de allá para acá. Con todo respeto: ¿corresponde a la Border Patrol inspeccionar toda troca que venga del norte para evitar el contrabando de armas? El general  secretario de la Defensa dijo ayer que los aduanales mexicanos ejercen esa inspección de manera aleatoria; si lo hicieran como se debe, la cola de los camiones sería kilométrica. A los guardias fronterizos gringos les vale el tiempo que los que quieren ingresar a su país tienen que hacer cola, y a veces la revisión de familias de turistas es exhaustiva, decomisando incluso medio kilo de mangos.

Con todo respeto: ¿no será que las aduanas mexicanas carecen de recursos tecnológicos, humanos, materiales y morales para cuidar la inviolabilidad de la frontera?

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