Por Félix Cortés Camarillo

Tú me enamoraste a base de mentiras

tu me alimentaste siempre de mentiras…

Alejandro Jaen, Sólo Mentiras

            Desde hace poco más de un año, concretamente, desde el cambio de aparato gubernamental en México, todo el proceso de negociación, discusión alegatos y sobre todo información sobre el nuevo tratado de libre comercio de nuestro país con Estados Unidos y Canadá, se convirtió en un mazacote lleno de opacidad, verdades a medias, francas mentiras, presiones y arreglos que se antojan haber sido logrados por debajo de la mesa. Lo que había sido, en el gobierno de Peña, una laboriosa y paciente labor de negociaciones con la activa participación del sector privado a quien le interesa tener un buen tratado con nuestro principal cliente y proveedor, encabezada por Ildefonso Guajardo, el regiomontano secretario de Economía, se convirtió en algo innombrable.

            Mentir no es solamente emitir intencionalmente enunciados apartados de la realidad; también o es, y peor, hacer pasar medias verdades por realidades hechas. Todo eso se hizo patente en las semanas recientes, en las que un Senado mexicano ansioso de hacer su papel de culipronto ante el presidente López y su contraparte gringo aprobando sin leer la letra chiquita -para el caso ni la grandota, ni la mediana- sin leer un documento que sospechosamente finca obligaciones inaceptables para México como Nación.

            El rumor inicial era claro y en los Estados Unidos precisamente claro. El senado norteamericano no iba a firmar un acuerdo comercial con un país que mira el TMEC como una ventaja basado simplemente en lo barato que le resulta al capital gringo la mano de obra de los mexicanos: algo que las maquiladoras habían probado eficientemente en la franja fronteriza norte de nuestro país. De esa forma, la que quiera azul celeste que se acueste: el ejercicio de la política laboral en México sería supervisada por inspectores gringos adscritos a la representación diplomática de aquel país en nuestro territorio. Alertarán de las pillerías que hagan los mexicanos y sugerirán al presidente Trump ejemplares castigos.

            Que no son capataces ni inspectores, terció el gobierno mexicano. Todos los diferendos serán abordados por paneles. Los panelistas harán sus recomendaciones a sus respectivos gobiernos. Y eso no estaba en el tratado que le dieron a los senadores mexicanos para que no lo leyeran. O, ¿sí estaba?

            Nadie lo sabe. El presidente López, obviamente informado a medias con medias verdades o engañado intencionalmente por sus  cercanos colaboradores, no sabía nada del asunto. Los iniciativos privados fueron sacados literalmente de las negociaciones y todos contentos firmaron en un documento que valdría la pena que alguien, comenzando por el presidente López y sus incondicionales senadores, lo leyeran.

PARA LA MAÑANERA: Señor Presidente, con todo respeto: ¿Esas millonarias ventas de garage que su Ministerio para Devolver al Pueblo lo Robado organiza con frecuencia en Los Pinos, están dentro de la economía informal, la del ambulantaje y las calles y banquetas ocupadas, y que desde luego no paga impuestos?

Si no es así, ¿ a dónde fueron a parar los impuestos al valor agregado a lo que se pagó por  los Aston, Lamorghini, casa en Santa Fe y otras baratijas el fin de semana pasado?

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