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Viejos cincuentones que no creen que Internet nos salvó la vida

Por Eloy Garza González

Una de las mejores canciones de Rubén Blades se titula “Chica Plástica”. El salsero panameño criticaba la frivolidad de la generación de los Babyboomers. Ahora los  Millennials también son plásticos pero en otro sentido. Quienes son de clase media viven con dinero plástico: tarjetas de plástico, de ahorro, PayPal, entre otros sistemas de pago virtual. Para la franja de los privilegiados el mundo es ahora más cómodo.

Cierto amigo reservó por teléfono una habitación en un hotel de Insurgentes Sur de la Ciudad de México. Sufrió las de Caín. Le cobraron de más la noche, el baño parecía público de tan sucio y no le reembolsaron su pago. Si mi amigo hubiera conocido la plataforma digital AIRBNB, hubiera reservado a menos de la mitad del precio un cómodo loft en Polanco. Esta aplicación virtual acabará en un par de años con el viejo modelo de negocio hotelero. AIRBNB tiene registrados poco más de tres millones de alojamientos en 66 mil ciudades repartidas alrededor del mundo. Y todas son más seguras y confiables que la mayoría de los hoteles de más de tres estrellas.

Otro amigo visitó la Ciudad de México y lo marearon más de una hora en taxi, porque el ruletero resultó ser un pillo. Si mi amigo conociera las plataformas de economía compartida, hubiera llegado a su destino vigilando el trayecto por GPS, y en un carro Yaris, Vento, Jetta, por decir los más comunes, en la clasificación más baja que ofrecen estas aplicación que acabaron con el viejo paradigma de los medios de transporte urbano.

Otro amigo lector se enteró por Twitter que un novelista chino, Yan Lianke, censurado en su país, acaba de publicar en Occidente y en español una novela excepcional: “Los cuatro libros”. Fue a la Gandhi y pidió que le enviaran el volumen en cuanto llegara a los anaqueles de las librerías de México. Mi amigo pudo haber recibido el libro de Yan Lianke en formato digital, por Amazon, en su Kindle, en menos de un minuto.

Otro amigo, cuya hija menor es aficionada a la música urbana, corrió a una tienda de discos a buscar el nuevo cedé de Maluma para regalárselo de sorpresa a su princesita. Pero ella ya lo había descargado de la aplicación Spotify, e incluso había puesto en su playlist de YouTube los primeros videos del nuevo álbum de Maluma.

Estos cuatro amigos que no usan aplicaciones de economía compartida, son dignos exponentes de la heroica generación de los Babyboomers, de la que yo también formo parte. Pero ¿saben qué? Ya no cuenten conmigo. Ahí se ven.

Me mudo a la vida plástica de los Millennials y hasta a la posmilénica con todo y mis cincuenta años exactos. Al menos seré, de corazón, un “chico plástico, de esos que van por ahí, con cara de yo no fui”, como canta Rubén Blades en su canción. Y cuando muera, nadie tomará la palabra en mi funeral para hablar bien de mí, porque subiré de antemano un video en Youtube, para burlarme de los miembros de mi generación que siguen de anticuados por el mundo de los vivos, hospedados en hoteles, circulando en taxis y escuchando en cedés las canciones que poníamos en los reproductores quitapón de nuestro Monza, Modelo 82.

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// Eloy Garza González

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Autor: stafflostubos
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