Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

El presidente Andrés López Obrador no es infalible, falible ha resultado con Manuel Bartlett Díaz. Prefiere acomodar la irrealidad a su discurso que fomentar el discurso de la realidad. Como decía el clásico, lo que se ve no se pregunta. ¿Ha sido corrupto Bartlett Díaz? Sin duda. ¿Represor? Sin duda. ¿Impune ahora? Sin duda. Manuel es el símbolo incómodo del antiguo régimen en un pretendido nuevo régimen que, al menos con su exoneración, da signos de abortar.

Manuel Bartlett Díaz no le conviene a Andrés Manuel López Obrador ni a la llamada Cuarta Transformación que, lo repito, a veces es sólo una Cuarta Simulación. Andrés Manuel se equivoca con Bartlett. Manuel, junto a Carlos Salinas de Gortari, ha representado lo peor del sistema político mexicano contemporáneo.

Contrario a París, Manuel Bartlett no vale una misa ni una mañanera de absolución ni una barbacoa de exoneración. Exoneración que arribó primero con la entrevista, la palmadita y el espaldarazo televisivo de Juan Ackerman para definirse con la conclusión de Irma Eréndira, ni dura ni cándida, “legitimando” la corrupción y la impunidad. El concubinato de corrupción y enriquecimiento entre Bartlett y su mujer “no existe”. El matrimonio entre Sandoval y Ackerman, sí. Y ambos “funcionan”.

Andrés Manuel ha inventado su propio error de diciembre. Contrario al discurso de que “no somos iguales”, su instrucción a Irma Eréndira de exonerar a Manuel Bartlett Díaz echa a la borda mucho de lo que se ha construido. “¿Cuáles son las transas?”, pregunta AMLO. Pues desde Palacio, ninguna. Un patriota, diría otro que desea ser clásico.

El siniestro Manuel Bartlett (¿alguien recuerda a Manuel Buendía?) comiendo en la mesa de la Cuarta Simulación. Y al lado de Santiago Nieto, quien debía de investigarlo y de quien nos ocuparemos después. La Cuarta Transformación inicia su Primera Exoneración con la Evidente Impunidad de Manuel Bartlett Díaz. “No somos iguales”, repite cantarinamente nuestro presidente. En este caso son peores. Andrés Manuel se disminuye, Irma Eréndira pierde autoridad, credibilidad. ¿Y todo para qué?

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