Por Francisco Tijerina

“Igual de útiles que los
viejos espantasuegras”
Yomero

Me veo obligado a leer dos veces la noticia para tratar de entenderla. No atino a descifrar qué busca, qué pretende, a quién defiende un supuesto “especialista” que ha propuesto prohibir las carnes asadas en Monterrey bajo el argumento de que contaminan el ambiente.

Celebro y aplaudo que la lucha contra la pirotecnia haya rendido frutos, no por el pretendido argumento de la contaminación o por la intranquilidad de algunas mascotas, sino por los fatales accidentes en personas y los incendios que provocan al utilizarse sin supervisión o control. No puedo menos que cuestionar el por qué en grandes ciudades del mundo se festeja con fastuosos espectáculos de fuegos artificiales la llegada de un nuevo año y aquí se han escandalizado hasta casi extinguirlos.

Porque insisto, de acuerdo en que no contaminen, pero el hecho es que con este tipo de acciones, como la pretensión de prohibir las carnes asadas porque liberan partículas al quemar el carbón más las que despide la propia carne en el cocimiento, lo único que consiguen es “taparle el ojo al macho”.

Aunque sus cartas credenciales y currículum le dan soporte, empezaría por cuestionar ¿qué es el Observatorio Ciudadano de la Calidad del Aire, quiénes lo conforman, cómo determinan su presidencia? Porque igual que respeto el historial de educación de Alfonso Martínez, debo decir que en los distintos cargos que ha ocupado en la administración pública no se ha significado por obtener grandes logros.

¿De verdad tiene este hombre una idea clara del alcance y repercusiones de su pretendida idea de prohibir asar la carne en Nuevo León? Imagine el impacto en la vida de ranchos, vaqueros, productores, procesadores, carnicerías y sus empleados, supermercados, en restaurantes, meseros, en vendedores de carbón y leña, en tantas y tantas personas.

Martínez Muñoz no habla de otra cosa que no sea prohibir y ahí está el detalle.

Porque no tiene propuestas para regular, supervisar, para atenuar, para verificar y hacer que la industria cumpla con filtros, procesos y sistemas; como tampoco nos habla del transporte público y sus emisiones, los vehículos de alta circulación como los taxis, las unidades de emergencia y seguridad, los de reparto de productos y distribución.

Nada dice el presidente del Observatorio Ciudadano de la Calidad del Aire (¿y eso con qué se come?) y mucho menos propone para atenuar el impacto que tendrá la prohibición de dar bolsas de plástico en los supermercados, lo cual me parece bien, pero ahora, ¿con qué dispondremos de manera segura de nuestra basura para que pasen a recogerla o con qué levantaremos las heces de nuestras mascotas cuando las saquemos a pasear?

Prohibir es la consigna en lugar de proponer, porque les resulta más sencillo, pero al final sería tanto como el prohibir la circulación de vehículos para evitar los accidentes o los atropellos.

Martínez Muñoz y su Observatorio Ciudadano son unos engañabobos que juegan al gatopardismo, igualito que lo hizo cuando tuvo cargos en el gobierno.

¿Prohibir carnes asadas? ¡Brillante idea!