Por Eloy Garza González

@eloygarza

El Banco del Bienestar está preñado de buenas intenciones pero es una pésima idea. Será un fracaso si no funciona bien, pero será un verdadero desastre si funciona a la perfección. Me explicaré.

Hay muchos municipio rurales en México y hasta urbanos que no tienen banco. Para las instituciones de crédito que operan en el territorio nacional no les resulta redituable abrir una sucursal en lo más recóndito de Oaxaca o Chiapas. Simplemente no salen las cuentas y nadie en su sano juicio  (menos los banqueros) le apuesta a perder dinero.

Al mismo tiempo, una gran parte de la población mexicana tampoco puede acceder a algún sistema de crédito o de ahorro. Ni siquiera a abrir una cuenta personal. Esto los hunde más en la pobreza. Y en la ignorancia financiera que es ignorancia a secas.

La solución sería poner una sucursal en los poblados donde hasta ahora no hay ninguna. La gente ahorraría y podría haber transacciones. Sin embargo, otra vez, poner sucursales en donde se invierte para perder, no es negocio.

¿Qué otra alternativa hay? Democratizar las operaciones de banca en línea. Es más redituable invertir en telefonía celular que en locales de servicios bancarios.

El futuro aquí y en China consiste en hacer trasferencias desde los celulares, sin desplazarse de la casa o de los centros de trabajo más que para sacar dinero de un cajero electrónico y no formándose en la fila de un banco bien montado con personal, módulos, ventanillas, etcétera.

Hasta ahora, la banca en línea es una ventaja sólo para la clase media y alta. Pero para eso se diseñan las políticas públicas: para que el Estado intervenga donde la iniciativa privada no está dispuesta a intervenir. Y que los pobres tengan las mismas ventajas que el resto de la población.

Sin embargo, el Banco del Bienestar planea poner una sucursal al alcance de 20 millones de mexicanos. Para el 2024 que se cumpla esa meta, ya la gente con mejor poder adquisitivo lo estará haciendo 100% en línea. O más fácilmente, en un cajero automático.

Y se habrán desperdiciado recursos estatales (10 mil millones de pesos en la primera etapa) que podrían usarse preferentemente para contar con suficiente ancho de banda, repartir teléfonos inteligentes e inculcar en la gente de escasos recursos una cultura de manejo tecnológico.

Eso sin contar con que las sucursales en municipios apartados y regiones aisladas se usarían (como se tiene contemplado) para repartir los apoyos sociales a los jóvenes y personas de la tercera edad y tengan así dónde cobrar su lanita en efectivo. Claro, con el consiguiente riesgo de que eso derive en fines electorales, que luego se presten a posible corrupción. La historia tiene muy probado esos riesgos. No esperemos repetirlos en el futuro.

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