“Si no puedes con el enemigo, únete a él”
Refrán popular

Tan antiguos como la memoria misma, recuerdo a “los puesteros” de Padre Mier o de Juárez desde mi infancia, un soporte de madera en “X”, una charola metálica y un banquito de plástico para sentarse, eran sus herramientas para ofrecer sus productos a los transeúntes.

Y muchas veces los vi correr levantando a toda prisa su tenderete al ver los inspectores de comercio que se acercaban para retirarlos; las mismas que pocas horas después, recobrado el aliente y la tranquilidad, volvían a los mismos sitios en donde religiosamente, pero sobre todo aleccionadamente y de acuerdo a la cuota que le pagaban a su líder, les permitían estar.

Y también pude observar las mismas escenas en Madrid con la Guardia Civil persiguiendo a los oferentes en Plaza Mayor o Plaza del Sol, o en Lima, están ahí buscando cómo ganarse la vida de manera honrada, aprovechando la afluencia de transeúntes y realizando una de las actividades más antiguas del hombre: el comercio.

A lo largo del tiempo he sido testigo de la manera en que diversos gobiernos municipales de Monterrey han querido someterlos y organizarlos, cómo los quisieron meter en mercados, los sitiaron en Colegio Civil o Reforma o cómo van tras ellos y el sistema sigue igual y el resultado es el mismo.

Deberíamos empezar a entender que el fenómeno del comercio informal está íntimamente relacionado con la pobreza y la falta de oportunidades. No es grato el ir a sufrir del calor o el frío, de la lluvia, de los rateros y sobre todo del gangsterismo disfrazado de sindicato que les cobra elevadas cuotas por “permitirles” utilizar el espacio público.

“Es que no pagan impuestos y son una competencia desleal”, pero… o pagan impuestos o pagan “la cuota”. Están ahí por necesidad, no por gusto y son exactamente iguales el que pone un puesto de tacos o fritangas que el que comercia con dulces o artesanías y el que oferta productos piratas.

¿Qué hay qué hacer?

Por de entrada una intervención social para terminar con el control de los sindicatos y los líderes corruptos que venden espacios y que comercian con los espacios públicos; después, una tarea de convencimiento y control para saber quiénes son, en dónde están y buscar que actúen de acuerdo a la ley, con productos legales y que en el mediano y largo plazo busquen incorporarse al comercio formal.

Los puedes quitar hoy, pero mañana reaparecerán y si no son ellos porque se los acaban los líderes o los inspectores corruptos, serán otros que ocuparán los mismos espacios ofreciendo casi las mismas mercancías.

Está visto, banquetas más grandes en calles como Juárez no son sinónimo de más espacio para el peatón, sino de mayor amplitud para que los informales se instalen.

El quid es sencillo: o les resolvemos la falta de oportunidades de trabajo o de plano nos ponemos a buscar soluciones para que trabajen de una manera digna y ordenada y, sobre todo, para que no sigan siendo presa de los cárteles de inspectores o líderes que les roban la mayor parte de sus ganancias y les dejan con simples migajas para que sigan siendo, por siempre y para siempre, su caja chica.

ftijerin@rtvnews.com

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