Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

La derecha se dice sorprendida del informe trimestral del presidente Andrés Manuel López Obrador, nunca lo estuvo. Desde el viernes prepararon el terreno de la inestabilidad al lanzar el rumor de cambios importantes en el gabinete. Nada pasó. También prepararon encuestas antes del informe para “demostrar” la caída libre de López Obrador (ya las presentaron con Ciro Gómez Leyva). Mucho antes del informe de ayer, ya tenían preparados sus comunicados en contra de las medidas de Andrés Manuel y habían azuzado a sus plumas para que inundaran WA y Twitter condenando el informe. Nada nuevo: la derecha en México no tiene ideas, tiene intereses.

Los voceros de la derecha bailaron al son que le tocaron sus dueños y el coro en los diversos medios habló de mañanera “vespertina”, de que se perdió la oportunidad de un pacto nacional, “el plan es que no hay plan”, de un patio vacío y el presidente como el solitario de Palacio Nacional, etcétera. Además de la shitstorm en WA y Twitter. Los voceros fueron ahora diligentemente vociferantes. A ellos hay que recomendarles el remedio del doctor Johnson: “No levante la voz, caballero: mejore los argumentos”.

Existe un plan, sin duda, que la derecha no esté de acuerdo con él es otra cosa. Pero ningunear al presidente diciendo que no hay plan, destroza la posición de los conservadores. ¿Cuál pacto querían? Sin duda uno como el Pacto por México, el de Enrique Peña Nieto y los partidos políticos (esos mismos que hoy no quieren entregar sus millonarios recursos al combate del coronavirus), pacto que privatizó aún más el sector salud, la educación y catapultó la corrupción y la desigualdad: un pacto a la medida de la derecha.

Hablan a coro de un patio vacío en Palacio Nacional, del solitario presidente hablando solo. Ya ni siquiera saben tomar el pulso. Estuvo tan solo Andrés Manuel que su informe lo siguieron cienmiles. Sólo en YouTube hay 402.922 mil visualizaciones. ¿A eso se le puede describir como soledad? Las redes han transfigurado los escenarios, los críticos de AMLO leen analógicamente la era digital. Aseguran que es un pobre diablo y nunca será un estadista. Y, sin embargo, revisó los escenarios, el sábado, con el CEO de Blackrock, la compañía de inversión más grande del mundo (tres veces el PIB de Alemania, seis veces el PIB de México). Las inversiones no van a parar.

La derecha llama a los grupos vulnerables mexicanos, desde el clasismo, “clientela electoral”. El Consejo Coordinador Empresarial, desde el corporativismo, propone recetas pretéritas a problemas nuevos: “suscribir un gran convenio nacional entre gobierno, empresarios, trabajadores y sector social para lograr transitar los siguientes noventa días”. Se pretenden parte de la solución cuando son corresponsables del problema. Cuando creían que tenían todas las respuestas, cambiaron todas las preguntas.

La crisis del coronavirus ha provocado otra crisis, la del neoliberalismo. Los pobres y otros ciudadanos de abajo ya no están de acuerdo en transformar deudas privadas en deuda pública, tampoco “rescatar” a los grandes empresarios, ¿cuándo se ha rescatado a las familias, a los trabajadores, a los empleados de sus deudas?

Lo reiteró López Obrador hoy en la mañanera: “…que vayan dando por descontado el que no va a haber privilegios fiscales, no va a haber condonación de impuestos, no va a haber rescate a grandes empresas, bancos, no va a haber rescate en general, mucho menos para los grandes.

“El rescate es al pueblo de México, se le va a rescatar a los olvidados, a los marginados, a los pobres, a los que siempre se ha hecho de menos, a los que siempre se les ha hecho de menos”.

Ayer Andrés Manuel López Obrador colocó el anillo en el dedo, fue un momento de inflexión en su gobierno y provocó el “fuera máscaras”. El gobierno de Andrés Manuel es de izquierda moderada o, para decirlo en palabras del politólogo francés Alain Rouquié: “Él es posneoliberal, lo que significa que es neoliberal porque no hay otra. Ser posneoliberal es aceptar algunas cosas que no puede cambiar y cambiar las que puede”.

Así que “¡Es la izquierda, estúpido!”.

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