Por Eduardo Campos Sémeno

Diario del Coronavirus 022. 6 de abril de 2020

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8:00 PM

Lo politizado que están los Medios y hasta las redes sociales aquí en México ha impedido que tomemos un tiempo para ser testigos y meditar sobre el momento histórico que se vive esta Semana Santa por causa del coronavirus.

Algunos pensarán que me refiero a lo desolado que estarán los lugares turísticos del mundo, incluidas todas las playas de México, ya sea porque los viajeros se quedaron en sus casas o simplemente porque las autoridades cerraron accesos a los lugares que antes se abarrotaban por estas fechas. Eso no es.

En realidad, me pongo a pensar en todos los rituales religiosos que se verán interrumpidos este año, luego de que los feligreses del mundo los han venido celebrando, algunos de ellos, durante siglos.

Los católicos ya vieron un Domingo de Ramos con el Papa Francisco casi en solitario y dentro de la Basílica y no en la Plaza Vaticana. Tampoco habrá visitas de Templos, quema de Judas y las tradicionales ceremonias de Viacrucis que el Viernes Santo se efectuaban igual en Jerusalén que en Filipinas, y en muchos pueblos de México, España, Italia, Alemania, etc.

Y obvio que no me refiero sólo a los eventos como meros espectáculos religiosos, sino al sacrificio que tendrán que hacer los verdaderos fieles de quedarse en casa, cuando es tiempo de participar en rituales en las Iglesias, con sus líderes espirituales y con sus comunidades.

Pero no sólo las huestes cristianas padecen los estragos del coronavirus. Millones de judíos alrededor del mundo se preparan para un Passover como no han tenido en miles de años. Así como lo leen, esta semana ocurrirán cosas como nunca en milenios.

Con respeto y cuidado para no mal explicar cosas que no son de mi cultura, entiendo que el Passover es una de las festividades religiosas judías más observadas, cuando se festeja la liberación del Pueblo Judío de Egipto y que en teoría debe iniciar este miércoles 8 con la celebración de la importante cena Seder, que llama a que se reúnan varias generaciones de una familia o de una comunidad.

Por primera vez, el aislamiento social y familiar impedirá las reuniones de esta importante fecha basada en el Libro de Éxodo de lo que nosotros conocemos como Antiguo Testamento.

Además, las personas más espirituales de todas las culturas sufren y padecen con la idea de tener que pasar esta semana sin visitar Templos y Sinagogas y de tener que “asistir” a sus servicios religiosos de manera virtual, a través de transmisiones digitales en vivo.

A eso nos ha llevado el coronavirus, a hechos históricos que no estamos emocionados de ver o que quisiéramos mejor que nunca hubieran llegado.

Como siempre, comentarios dirigirlos a ecampos50@gmail.com o en Facebook en la página Diario del Coronavirus o con el user @eduardocampossemeno.

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