Por Eduardo Campos Sémeno

Diario del Coronavirus 023. 7 de abril de 2020

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9:00 PM

Yo no sé qué tan buenos sean para hacer sus respectivos trabajos los grandes empresarios, dueños de Pymes, restauranteros y similares mexicanos, pero lo que sí me consta es que están resultando unos verdaderos maestros para quejarse y para –como diría José Alfredo Jiménez– “llorar y llorar, llorar y llorar”.

Tan buenos han sido en divulgar sus lamentos, que estos miembros de la llamada IP de México están acabando por hacerse las principales víctimas de la pandemia que tiene azorado al mundo.

Imagínense nomás, mientras el resto de los mortales sorteamos la peor crisis de salud moderna que haya enfrentado la humanidad, cuando estamos ante un parteaguas que podría modificar la forma en que las culturas se desarrollan, cuando todavía nadie sabe quién la va a librar y quién va a perder la vida, ¿de qué hablan Medios y redes sociales? Obvio, todos quieren saber si las Pymes van o no van a recibir dinero del Estado o algún inmediato beneficio fiscal.

Sale el presidente el domingo a hacer un discurso y, acaso, ¿le cuestionan cuánto dinero ha destinado a los hospitales de México en esta época de crisis? No. ¿Se ponen bravos (como dicen los colombianos en las series de Netflix) por saber el número exacto de medicinas y de respiradores que están disponibles? Tampoco. ¿Le exigen que diga un plan para compensar y mantener activos a todos esos servidores del Sector Salud que hoy trabajan horas extras y arriesgan la vida? Menos.

Nada de eso, la Opinión Pública está secuestrada por la IP, sus representantes formales y sus defensores mediáticos. “Deja a Pymes a la deriva”, dice la nota principal de Reforma del lunes.

Un día antes, media hora después del discurso, los Twits que inundan las redes hablan de la falta de acción en materia económica. Denise Dresser, León Krauze, Carlos Loret de Mola, Jorge Suárez-Vela, Simón Levy, Salomón Chertorivski. Preocupados, todos, por el precio del dólar, por la ausencia de un programa de rescate económico, por la “falta de capacidad y de liderazgo”. Ninguno habla de los enfermos, de las medidas sanitarias, de la capacidad hospitalaria.

Tal parece que para ellos es más importante salvar la economía antes que preocuparse por salvar las vidas de los ciudadanos. ¿De qué le sirve a un mexicano que le digan que le acaban de salvar su empleo, si tal vez no va a vivir para ir a reclamarlo?

Y, una vez más lo digo, no se trata de defender a Andrés Manuel López Obrador. Si su administración hizo bien o hizo mal ante la crisis, a su tiempo se sabrá. Son sus acciones y decisiones, serán sus consecuencias.

Lo que me admira es el lavado de cerebro que la IP le quiere aplicar a la sociedad para hacerse el protagonista principal de este drama y para vendernos la idea de que este freno a la economía que apenas cumple un mes, es casi peor que todas las crisis, depresiones, devaluaciones y recesiones que ha tenido México.

No es malo preocuparse algo por el futuro de las empresas y sus trabajadores, pero no por eso debemos perder nuestra más básica conmiseración. Para ahora ya deberíamos de entender que esta pandemia que vivimos no es una crisis de la economía, es una crisis de la humanidad.

Como siempre, comentarios dirigirlos a ecampos50@gmail.com o en Facebook en la página Diario del Coronavirus o con el user @eduardocampossemeno.