Por Félix Cortés Camarillo

Como un abanicar de pavos reales

En el jardín azul de tu extravío…

Agustín Lara, Hastío

            Es evidente que la treintena de cuartillas del ensayo del presidente López que sustenta la política económica de México en los tiempos del Coronavirus, es lo suficientemente confusa como para necesitar una exégesis; de esta manera el tronco del sermón mañanero de ayer fue para explicar nuevamente lo ya tantas veces explicado del Evangelio según San Andrés. Con la ya ridícula y casi cotidiana participación del palero Carlos Poza –supuesto periodista que encabeza la lista con mayores preguntas en este ejercicio singular del City Hall– quien le pidió que desarrollara sus tesis, el presidente se dio gusto abundando en lo abundante de su demagogia.

            Ciertamente el dedicar de lunes a viernes un promedio de ochenta minutos a escuchar la perorata del presidente López provoca un profundo aburrimiento. Resulta que la técnica de comunicación que le han impuesto a López Obrador es muy fácil e detectar. Tiene su antecedente más notable en la Alemania nazi en la que la tónica de comunicación impuesta por Goebels fue la certidumbre de que la repetición sistemática y constante de una mentira, tiene el efecto mágico de convertirla en verdad. De esa manera todos los días y con cualquier pretexto, los que tenemos la costumbre de escuchar la sesión de adoctrinamiento, tenemos que escuchar una y otra vez las anécdotas y los dichos de Juárez, la conspiración de los conservadores que trajeron a Maximiliano, la fortaleza del pueblo mexicano en sus valores familiares y éticos, que será la solución mágica a todos los problemas de una errática gestión económica y otros lugares comunes que son –casi todos– ciertos pero que su machucona repetición tiene el efecto contrario al buscado.

            Lo mismo sucede con las falacias de poco sustento como el sonsonete de que todos los males de este mundo son consecuencia de los dos gobiernos neoliberales inmediatamente recientes, que no aportaron absolutamente ningún beneficio a los mexicanos: su divisa es la corrupción incesante, incontenible y aparentemente indestructible aunque en el discurso oficial la corrupción y es cosa del pasado.

            De ahí surge el deterioro que está sufriendo en la población sabia la credibilidad no solamente del presidente López sino también la de sus voceros consentidos. Los datos del doctor López-Gatell sobre los contagiados, hospitalizados, entubados y fallecidos por el coronavirus son permanentemente cuestionados por individuos y colectividades. A todos nos queda la sospecha o la certeza de que se nos está ocultando una verdad que nos pondría los pelos de punta.

            De la misma manera nos aterra el eje central del discurso presidencial, que es la promoción de una república que considera la pobreza extrema no solamente una virtud a celebrar, sino un estado social a perseguir en lo individual y en lo colectivo. El repudio explícito del presidente López al individualismo, al deseo de cada uno de los mexicanos de hacerse de bienes y satisfactores por medio del esfuerzo individual, el trabajo honesto y la superación personal es algo que no está en nuestra naturaleza, por lo menos no en la mía. A mí esa repetición me provoca algo que se ubica un escalón arriba del hastío.

            No se me olvida que el hartazgo de los mexicanos, convertido en enojo social fue lo que provocó que Andrés Manuel López Obrador ganara las elecciones de 2018.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA, porque no puedo entrar sin tapabocas.: Señor Presidente, con todo respeto: ¿no puede usted explicarle al doctor López-Gatell que el hubiera no existe y que mucho menos se puede usar como argumento para sustentar una hipótesis que debe convencernos de que la curva de los contagios por el virus maligno ya se acható? O, ¿será que usted está convencido de lo mismo?

‎felixcortescama@gmail.com

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