Por Waldo Fernández

Recientemente, conforme se ha ido polarizando cada vez  más la opinión pública sobre cuestiones políticas,  han aparecido opiniones en redes sociales que tachan de ignorantes a las personas menos favorecidas de este país, los más pobres, piden que su voto no valga igual o incluso que se les niegue ese derecho porque, según ellos, los pobres, venden su voto, no razonan y votan por un partido o un candidato porque reciben un programa social o una despensa. Más que electores son clientela. 

Quienes esgrimen estos argumentos sostienen que por contra los ricos toman sus decisiones electorales o adoptan sus posturas políticas basados en información y conocimiento. Para ellos apoyar a un partido que no impulsa sus banderas o a un gobierno que no los favorece es un signo de inferioridad, si no piensas como ellos no hay otra explicación: simple y sencillamente eres un analfabeta. 

Personalmente pienso que todos ignoramos casi todo, pero si a cuestiones políticas vamos, sostengo que a veces los que menos tienen son los más informados y sobre todo, los más conscientes, ¿saben por qué? sencillamente porque comúnmente son los que sufren la incompetencia y aveces hasta el dolo de quienes nos gobiernan. 

Quienes se juzgan a si mismos como el voto ilustrado son los mismos que a las primeras de cambio quieren quitar gobernadores o presidentes. Son los que esparcen odio en redes sociales, los que nunca, nunca, revisan si una nota es falsa y le dan reenviar a lo que sea. Son los que se quejan de la desigualdad, pero que votan por gobiernos que las generan.   

Estos “eruditos” son los mismo que aplaudieron el fin de la tenencia y la disciplina financiera que representó quitar el metro gratis los domingos a los menos favorecidos, sin reparar en que esto afectó el esparcimiento de miles de familias y que eso también contribuye al aumento de la violencia. 

Quienes piden que los pobres ya no voten son  los mismos que llaman dádivas a los apoyos que el gobierno les da los que menos tienen, pero exigen apoyos para que sus empresas puedan sobrevivir, porque dicen que es diferente, que ellos generan empleos. Cuando las empresas lo que generan primero que nada es riqueza para sus dueños. Los empleos que son el medio para generar esta riqueza. Pero ninguna empresa tiene una finalidad social, algo totalmente válido.  

Son estas personas, las que discriminan a los que menos tienen,  los mismos que dicen que el gobierno no sabe administrar cuando se apoya a los de abajo, pero que avalan atracos como el Fobapro o las condonaciones de impuestos.

Al final, lo único que logran es exhibirse a ellos mismos. En sus posturas demuestran su falta de análisis crítico, su clasismo y su ego. Enfrascados en minimizar a los que piensan diferente que ellos terminan por mostrarse en cuanto a cuestiones políticas como lo que son, unos analfabetas. 

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