Por Eloy Garza González

Parecía que en el PRI de Nuevo León las cosas estaban bien atadas entre ellos. Entraría como relevo del dirigente estatal, Pedro Pablo Treviño, el ex titular de la PROFECO, Rogelio Cerda. No quería Rogelio de entrada esa posición, porque su colmillo retorcido le hacía ver que era cargo menor en un curriculum de corte nacional.

Pero el campechano Alejandro Moreno, Alito, líder priista, había prometido a Jorge Mendoza que este último decidiría a quién poner en el comité estatal de Nuevo León. Eso perfilaba a mediano plazo como candidato del PRI a gobernador a Ildefonso Guajardo (recargado evidentemente en su rol de experto tras la pandemia que sume en una profunda crisis económica a este estado como a todo el país) o al experimentado alcalde de Apodaca, César Garza. Encuestas recientes no cuchareadas, a las que tuve acceso, les dan a ambos un empujón hacia arriba.

Pero el medinismo (grupo que comanda en la sombra el ex gobernador Rodrigo Medina a base de amarres bien pagados) apostó mas fuerte e hizo doblar las manos al debilitado Alito. Metió en la liza para la diligencia estatal a un cuadro muy menor, Heriberto Treviño, alcalde de Juárez, Nuevo León. ¿Acuerdos? Usar a Heriberto como peón del medinismo y ceder a ese grupo las principales candidaturas del estado.

No resultó una jugada fácil para el ex gobernador Medina. Polarizó a los diversos grupos priistas de la entidad en dos bandos ahora claramente confrontados: los medinistas que se quedan con el PRI estatal (un cascarón vacío en las actuales circunstancias) y los demás, que se suman a Rogelio Cerda, entre ellos, los ex gobernadores, Sócrates Rizzo, Natividad González Parás y Benjamín Clariond, además de militantes como Felipe Enríquez y Héctor Gutiérrez, quien aspira (aún) a ser candidato de ese partido para la alcaldía de Monterrey.

Una figura de peso nacional en el menguado PRI, le dio de última hora una mano al medinismo para quedarse con el control de la dirigencia en Nuevo León. El gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo, buen amigo de los Medina, entró al quite en la rebatinga local y presionó a Alito para meter por dedazo a Heriberto Treviño. Cobra así del Mazo facturas políticas pendientes a Alito, quien carece de luz propia y navega de muertito en la dirigencia nacional, en espera de una diputación federal en el 2021 que lo saque de la grisura de su actual cargo.

El problema para el PRI en Nuevo León estriba en que está ubicado en todas las encuestas reales en un lejano tercer lugar y su prestigio se arrastra por los suelos. Empeora su situación, inventando falsos perfiles de liderazgo como Heriberto Treviño y tratando de arrebatarse entre ellos las sillas del Titanic, cuando su hundimiento electoral del próximo año es previsible. Ya otros partidos se disputan a Ildefonso Guajardo, como ocurrió con Clara Luz Flores, la alcaldesa de Escobedo. Y apenas comienza a desgranarse la mazorca.

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