Por Félix Cortés Camarillo

Eso no es fácil Julián

Aunque escribí mil canciones

Joan Sebastian, Julián

Yo no recuerdo cuando conocí a José Julián Guajardo, teatrero regiomontano por excelencia, pero no me queda duda de dónde. La cafetería de la farmacia Benavides, en la esquina de Juárez y Cinco de Mayo, a cincuenta metros de la XEFB y atendida por la generosa Delia Garda, con quien debí haber tenido un romance intenso, era grato rincón donde todos los que amábamos el teatro nos pasábamos horas en torno a una taza de café soñando futuros.

A cien metros en línea diagonal está el Aula Magna de la universidad, en cuyo escenario –y durante una huelga de la vecina Prepa uno- Julián y otros inquietos idearon la Revista Musical Universitaria, una respuesta a los espectáculos popis made in Broadway que hacía el rival tecnológico.

En 1951 la Revista Musical Universitaria se hizo realidad y llenó al menos por dos temporadas el cine teatro Florida, sobre la avenida Madero, con más de dos mil butacas que me constan. Sobre el escenario estaban, entre otros, Julián Guajardo, el bailarín y coreógrafo Joaquinillo y una rubia Irma González, que cuando se mudó al cine nacional mutó en Virma. Desde entonces Julián se casó con la escena y se olvidó por siempre de la arquitectura, la novia escogida, que sólo le dejó una buena caligrafía y dibujo..

Yo soy tan tremendamente presuntuoso que hoy siento que debiera pedirte perdón por muchas cosas: por haber fomentado tu relación con Berta, la madre de tus hijos; por haberte impulsado y apoyado a la enorme producción de los Signos del Zodíaco en la misma Aula Magna. Por haber sido luego, en Checoslovaquia, dos años tu cómplice room mate en la calle de Hradební 7, el internado de la escuela de teatro, a donde llegaba tu novia rubia, Alexandra, Lesha, obligándonos a mí y al tercer habitante, mi compañero de estudios Jiri Stehno, a perdernos por un rato. Largo.

Me confieso culpable de haberte inducido, ya en México de regreso, a que fueras por la ciudad capital. De haberte sugerido la obra de Milos Macourek, que yo traduje, El Juego de Zuzanka, con Maricruz Nájera, en el protagónico, que hiciste con éxito en el Foro Isabelino, por la zona de las putas. De darte mi traducción de una excelente versión de Crimen y Castigo, que con la Compañía Nacional de Teatro hiciste premiada y magistralmente y con un gran elenco. De haberte vendido tu último proyecto, mi traducción de una versión teatral de La Vuelta el Mundo en Ochenta Días, con seis actores y mil personajes, que nunca pudimos hacer. Aún en tu intolerancia como director de escena, yo sé que me perdonas.

Porque viví contigo cuando en el mejor de tus momentos profesionales, cuando la Compañía Nacional de Teatro podría haber quedado en tus manos, una de tus dos hijas gemelas murió bebé en Tlatelolco, y tú no le perdonaste esa afrenta a la Ciudad de México y regresaste iracundo, como siempre fuiste, a nuestra tierra.

Aquí en Monterrey murió, hace un par de días, Rogelio Villarreal, que disminuyó el descrédito de ser funcionario con su amor por el teatro. Su mejor recuerdo, me consta, es haber hecho el papel de Dios, en la Zuzanka que dirigió Julián.

He escrito más canciones que Joan Sebastian, hermano. No se me ocurre otra.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA, porque no puedo entrar sin tapabocas.: Señor Presidente, con todo respeto: ¿Está usted seguro que sabe cómo se mete la reversa en el carro?

‎felixcortescama@gmail.com

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