Por Waldo Fernández

A partir del sexenio de Felipe Calderón, en México se emprendió una guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado. Esa batalla se prolongó durante el sexenio de Enrique Peña Nieto y permanece como un frente abierto en este gobierno. 

La tónica de esta guerra en los dos sexenios anteriores hizo énfasis en el despliegue de las fuerzas armadas y en hacer uso del poder de fuego para  ir a la caza de los líderes de los diferentes carteles o bandas criminales. 

Durante doce años fueron comunes las noticias de enfrentamientos contra los criminales y la aprehensión y presentación de sus cabecillas, ya fuera a ocho columnas en la prensa o mediante enlaces en vivo en algún noticiero. 

Pero las guerras nunca se ganan solamente en el campo de batalla y, de hecho, si nos atenemos a una de las máximas de Sun Tzu, “el supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar.” Es decir sin disparar un sólo cartucho o librar una sola pelea. 

¿Cómo se logra esto? Yendo tras el dinero, cortando al enemigo sus fuentes de financiamiento. Eso es precisamente lo que la Unidad de Inteligencia Financiera, que dirige Santiago Nieto, está haciendo. 

Una muestra de ello es el anuncio que hizo la UIF el martes pasado para informar que se congelaron casi 2 mil cuentas bancarias ligadas al Cártel Jalisco Nueva Generación por un monto de 2 mil 950 millones de pesos. 

Esta operación se suma a las 18 cuentas que en marzo pasado le habían congelado ya a integrantes del Cártel de Sinaloa y a las 300 que en noviembre del 2019 le congelaron también al Cártel de Sinaloa y al de Santa Rosa de Lima que opera en el centro de México. Esas dos operaciones significaron un golpe a las finanzas de crimen organizado por más de mil millones de pesos. 

Ese es el verdadero cambio de estrategia que en este sexenio está aplicando en la lucha contra el crimen organizado el Gobierno de México. 

Bajo el mando de Santiago Nieto, la Unidad de Inteligencia Financiera se ha convertido en pieza clave para desarticular la estructura financiera de los grupos criminales que durante décadas han asolado a México. 

Contrario a lo que pasaba en los sexenios anteriores, en este no se trata de llevar a cabo operativos deslumbrantes o de disparar balas a diestra y siniestra. Dese cuenta que lo que menos les importa a los criminales es la pérdida de vidas humanas porque en el México profundo tan falto de oportunidades y con tantas carencias, la carne de cañón sobra. 

Y que si uno de sus cabecillas cae, casi de inmediato otro toma su lugar para ejercer el control de su estructura territorial y financiera. 
En esas condiciones pelear en el campo de batalla sin pegarle a los criminales en donde realmente les duele, en su recursos económicos, es pérdida de tiempo. Si vamos a ganar esta guerra no será llenando el país de sangre sino quitándole a los grupos criminales su dinero y sus fuentes de financiamiento. Eso es precisamente lo que Santiago Nieto y la UIF están haciendo. Porque así es como se ganan las guerras, pegándole al dinero.

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