Por Félix Cortés Camarillo

Si yo pudiera como ayer

Amar sin presentir…

Carlos Gardel, Uno

Si empecinadamente uno siguiera pensando que la corrupción sigue al mando en este país, uno pensaría que la carta de los nueve gobernadores pidiendo la destitución del subsecretario de Salud, el doctor López-Gattel por su incompetencia en la coordinación de los esfuerzos para combatir la pandemia del coronavirus ha sido financiada mediante cochupos y mordidas por el propio temporal delfín y guía espiritual y sanitario del presidente López.

No se trata aquí de que el movimiento de reafirmación del federalismo y que los gobernadores de una buena tercera parte de la población del país estén equivocados; tienen toda la razón. La descalificación de López-Gattel no se da por la ausencia de créditos académicos o diplomas de pared de consultorio. Su cerrazón hacia cualquier opinión o interpretación de las cifras de la enfermedad que no coincida con su óptica contagió al Presidente de la República, en un país que cultiva con esmero la herencia del centralismo priísta.

Toda la política nacional está siendo reorientada a la dictadura centralista, recortando apoyos a programas desarrollados y administrados por los estados, a partir de dos instrumentos: el recorte de los fondos federales o las amenazas dictatoriales.

El mejor ejemplo, sin duda es el establecimiento de los semáforos locales para la pandemia. Lejos, muy lejos, en algún escritorio de burócratas, se decide si la situación en Tijuana o Tulum, La Paz o Tampico, Ciudad Juárez o Mocorito merecen ser sometidos a las limitaciones que las luces del semáforo de sanidad establecen. Todo ello sin tomar en cuenta de que las condiciones locales de cada uno de los sitios mencionados -y de todos los demás en la variada república mexicana- son totalmente diferentes entre sí y que los gobernadores de los estados están obligados a conocer esas circunstancias distintas y establecer las mejores medidas para que la economía, que es la primera victima de esta pandemia, pueda recuperarse aunque sea a paso lento.

Pero no. La soberbia del señor subsecretario ha llegado al límite de amenazar con perseguir penalmente a los gobernadores que no se sometan a sus dictatoriales decisiones; además de sacarle al parche diciendo que los gobernadores son autoridad sanitaria local y responsables de que se implementen sus decisiones. ¿Saben cuando el subsecretario López-Gatell dejará el puesto? Cuando los adversarios del régimen lo alaben.

Por eso digo que parecería que la petición de los gobernadores de darle calle al subsecretario hubiese sido financiada por el mismo López-Gatell. En lugar de provocar su salida, le está asegurando permanencia y fuerza dentro del gabinete y la adelantada sucesión presidencial, en virtud de la terquedad que domina la conducta del presidente López.

López Obrador, cuestionado el viernes pasado por el no uso del cubrebocas, dijo que lo va a usar cuando la corrupción deje de existir.

López-Gatell dejará su puesto cuando cese la pandemia.

En ambos casos, la respuesta es nunca.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA PORQUE NO ME DEJAN ENTRAR SIN TAPABOCAS: Con todo respeto, Señor Presidente: Hércules, en su segundo trabajo, mató a la Hidra. Era un ser mitológico de múltiples serpientes por cabellos, sabiéndose que al cortar una sierpe surgían más. Qué bueno que ya el capo mafioso de Santa Rosa de Lima se encuentre preso. ¿No habrá otras serpientes ya ejerciendo el poder?

‎felixcortescama@gmail.com

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.