Por Carlos Chavarría

El título no hace referencia a Luis Videragay, de ninguna manera, sino a otro Luis. Hace poco más de 40 años, cuando el país se le desgajaba, otro presidente de apellido López, pero no el de ahora, publicó este encabezado de prensa en México, que termino con un nuevo embajador de México en la Islas Fiji de apellido Echeverría.

En estos tiempos de pandemia, cuando el tiempo de ocio no tiene más destino que reflexionar o recordar, se nos agolpan de pronto imágenes de todo tipo acerca del pasado y alguna que otra evocación compleja aplicable sobre el futuro del mundo y el entorno concreto en que nos toca vivir.

Abona  a ese estado casi ensoñador la repetición de hechos y cosas que nos retrotraen y acabamos por creer que es un olvido inmediato, que ya lo vivimos. Treta que la mente nos juega todo el tiempo.

Por tratarse de PEMEX y de los paralelismos discursivos, no pude evitar recordar a Jorge Díaz Serrano ahora que otro director de esa empresa, de apellido Lozoya se encuentra en el centro de una gran trama del y por el poder.

De la época de “Por la Renovación Moral” que acuño e inició el Lic. Miguel de la Madrid, a la “4/a Transformación” de López Obrador parece que no hay sino tiempo de diferencia pero nada más ha cambiado.

Según mis recuerdos, otro presidente aprovechó la ocasión y su momento para primero que nada reivindicar rencillas políticas, después dar ejemplo de que iba en serio, y tratar de mejorar su imagen gris ante una crisis económica gigantesca.

Hoy ocurre lo mismo pero cambiando apellidos de los personajes, pero las tres condicionantes son las iguales. Venganza, ejemplo, y crisis. Me pareció que esto ya lo viví ¿o fue un olvido inmediato?.

Unos barcos comprados con fraude fue en aquellos años, hoy se habla de contubernios más complejos. Antes la mano  acusadora fue Rojas, hoy es Gertz, pero todos como siempre son títeres del teatro que tiene un solo director y propietario, el inmenso y concentrado poder presidencial, poder de uno solo para ejercerlo como sea.

“Échame a mi la culpa”. Ah, qué buen consejo estaba en la primera carta que le dejó un presidente al sucesor, útil para enfrentar cualquier crisis.  Casi todos los presidentes de México y no pocos del mundo lo han usado. Para aliviar el descontento  natural por tantos problemas no resueltos.

Claro que este modo de actuar tiene una caducidad porque como bien lo expreso Lincoln, “ no se puede engañar a todos todo el tiempo”, aunque se cuentan no pocas ocasiones en que sí se intenta. Pero en el fondo lo que denota es que hasta entre los criminales  de cuello blanco existe un código no escrito con reglas para darle continuidad al devenir y evitar rupturas violentas que a nadie benefician.

Por supuesto que todo acuerdo político implica ciertas limitaciones. Si al cochinero que dejan los presidentes se le suma una crisis “que nos viene de fuera” como la que vivimos resultara que no hay pacto previo que se pueda respetar y entonces a ver de cómo nos toca.

Está tan claro el juego político. Solo es cuestión de tiempo para que lleguen las elecciones y empiecen a salir entuertos de toda clase y color. Además de decenas de delincuentes confesos que a su vez denunciaran hechos para darle cuerda al régimen y que todo siga igual. Las Islas Fiji tienen buen clima hasta octubre, Islandia no es un buen destino.

Claro que ahora aunque las reglas  son un poco diferentes, porque el presidente no controla a las “benditas redes sociales”, la nueva prensa, la Radio Bemba que no deja descansar a ningún florero, pero el resultado será el mismo: cortar cabezas para ganar otros 2 años, según dice el segundo consejo presidencial.

 Si antes estaba oculto el origen de la guerra sucia que se ya empezó, ahora  está claro que será desde la presidencia que todo lo sabe(n) desde donde se dirigirán los misiles y toda la campaña electoral.

Porque los presidentes siempre han sabido de todo y ahí esta el problema. Vamos a ver si el florero aguanta también los golpes.

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