Por Carlos Chavarría

Del “orgullo de mi nepotismo” de López Portillo al “hermano Pío” de López Obrador no media sino tiempo, porque en el fondo son lo mismo, cínicos en el poder. Hay muchos y siempre los habrá.

López Obrador sabía que era mejor no iniciar un pleito que lo iba a golpear como bumerang, porque en política y la vida no existe “gota de agua transparente”. La desesperación por la crisis que lo toca enfrentar lo llevó con demasiada premura a usar su último recurso al destapar la Caja de Pandora y alimentar el morbo de los electores.

Apenas empieza el pleito y ya salieron entuertos de sus allegados y parentelas incómodas, cosa que no es novedad para los mexicanos, que fuimos bien entrenados por la historia para no creer en ninguna buena intención.

Si el presidente López Obrador es congruente con sus palabras, “la escalera debe limpiarse de arriba para abajo”, entonces deberá aceptar que él también está expuesto a la corrupción, llamémosla “pasiva o consecuente” pero no tiene que  ser el signo de su gobierno y estar en la penosa tarea de estar ofreciendo explicaciones exculpatorias porque se ve mal.

El cínico intento diario por mantenerse en campaña electoral usando lo que se pueda, como la promoción de acciones  contra políticos y funcionarios del pasado a sabiendas de que no tienen evidencias duras con el propósito de simular un referéndum nacional en un proceso electoral que involucra más a los comicios locales.

Luchar contra la corrupción no solo es buen estandarte o lema, debe ser cierto y acabar con al malas prácticas de las que se ha convertido en cínico defensor. Entonces así como él exige disculpas a españoles, americanos o franceses por sus atracos contra México, él debe disculparse frente a nosotros y encauzar las cosas de la manera congruente.

Ya es demasiado descarada la intención del presidente de estar presente en todo el proceso electoral del 2021. A como dé lugar quiere convertir una elección intermedia con gran contenido local, en una nacional a manera de referéndum de su mandato.

La presidencia sabe que  detrás de sus ya diarias referencias al pasado no hay fondo real para juzgar a nadie, mucho menos presidentes, pero lo que espera es el linchamiento popular de la Suprema Corte, a la que le corresponderá poner la cara de baqueta y así llevársela todo el tiempo de aquí y hasta las elecciones. Es una lucha por mantenerse en el poder a pesar de los resultados de su gestión.

En su cinismo vuelve a usar a los pobres como justificación, ya no  de su mandato, sino de su vida entera. En su ramplonería clasista se vuelve contra los exorbitantes salarios de los deportistas para un país tan pobre, siendo él mismo y su familia un ejemplo del  “desplifarro” que tanto crítica y toda la clase media que lucha todos los días por mejorar, pero el quisiera que todos fueran pobres para sostener su argumentación y poco a poco va empobreciendo al país.

Los cínicos miembros de la oposición han enmudecido esperando que se desate la guerra sucia anónima y en manada para entonces si ponerse al nivel del presidente.¿ Habrá algún miembro de la oposición que tenga la cola corta?

¿Será cierto que en política todo se vale, hasta hundir el país?

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