Por Félix Cortés Camarillo

Este es un hecho histórico olvidado.

En 1921, desde el segundo piso de una esquina de las calles del Padre Mier y Guerrero, a pasos del viejo mercado Colón en Monterrey, se hizo la primera transmisión de la radio en toda la América Latina.

El ingeniero Constantino de Tárnava, asistido por su hermano Luis, comenzó las transmisiones experimentales de radio en la frecuencia que identificó entonces como TND, por la inicial de su apellido y por Notre Dame, que fue su Alma Mater. Yo sigo pensando que la gratitud a nuestros orígenes es una de las mayores virtudes del humano.

Más tarde, cuando se repartieron las siglas, el sistema le bautizaría como XEH.

La primera emisión fue recibida en un perímetro corto, en dos radios de galena que el ingeniero de Tárnava había regalado a sus amigos, Rodolfo de la Garza, gerente del Banco de Nuevo León, y Ramón Bermúdez, que fabricaba acumuladores.

No muchos años después, el gran visionario de la comunicación, don Emilio Azcárraga Vidaurreta, quien también vendía radios, fundó en Monterrey la XET, con una potencia radiada de 50,000 watts; de Tárnava había iniciado con 5 watts.

En 1930 inició transmisiones la XEW radio, “la voz de la América Latina desde México”, plataforma espectacular del desarrollo de compositores, cantantes, músicos escritores, productores y otras yerbas de México y el mundo hispanoparlante. Luego, la XEW se convirtió en la simiente de un emporio de televisión que hoy se llama Televisa en México y Univisión en los Estados Unidos que hablan español.

La XEW es hoy pieza de pleito entre sus dos dueños, según los papeles mercantiles, en un acuerdo que a mí personalmente me parece raro. El poderoso grupo editorial Prisa, de España, tiene el 50 por ciento de las acciones de Radiópolis -que así se llama ahora la XEW, el sueño de Don Emilio- mientras que Televisa tenía la otra mitad. Los hoy dueños de Televisa vendieron, y finalmente pudieron cobrar, su mitad a la familia de sus ex socios, los Miguel Alemánes.

La emblemática institución de la comunicación en este país es ahora hueso a disputar de abogados y contables; nada que ver con los contenidos editoriales de las estaciones de ese consorcio. Al menos eso dicen ambos bandos.

El chisme ronda de que Carlos Loret de Mola, quien ha difundido materiales de escándalo en torno al presidente López ha sido corrido -o lo será- de las ondas radiales de la doble u, por presiones desde el Palacio Nacional. Si esto es así, por ahí se asomaría el tufo de censura gubernamental o presión hacia los concesionarios de las ondas herzianas para que no sean ingratos con la mano que les da de comer, quiero decir publicidad oficial; es demasiado reciente el hacha asesina que se esgrimió en contra la revista Nexos, de los “intelectuales orgánicos” como dice Andrés Manuel, obviamente por su postura crítica.

Ante todas las obvias deducciones, el presidente López se hizo ganso. Refrendó en el verbo su compromiso a respetar todas las libertades, especialmente la de expresión e hizo referencia –“nosotros no somos iguales”- al fracaso que llevó al próspero empresario de medios José Gutiérrez Vivó a perder lo que compró del periódico El Heraldo de México de los señores Alarcón, o al mal llevado pleito entre los señores Vargas y Carmen Aristegui.

Si el presidente López arguye estos casos en la defensa de su ofensiva contra los medios, es porque sabe más que nosotros.

Que comparta.

ACLARACION para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, en mi texto de ayer afirmé que usted repetía mentiras para que, con la insistencia, se convirtieran en mentiras. Obviamente, quise decir lo contrario, verdades.

Pido perdón por la omisión.

Aunque usted no lo crea, no soy perfecto.

‎felixcortescama@gmail.com

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