Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

josejaimeruiz@lostubos.com

La elección de 2021 demostrará lo obvio: las encuestas compradas, cuchareadas, ya no serán instrumento de intención de voto. Los políticos creen que engañan a los ciudadanos, en realidad se engañan a sí mismos y los ganones son los medios que, al vender una línea editorial, anteponen lo comercial a lo periodístico.

¿Qué tanto le puede pagar Samuel García a la familia Deándar para propagar encuestas torpes, por su metodología; obscenas, por su prostitución; desopilantes, por sus resultados…?

Si la desesperación política de Samuel es avalada por Hora Cero, también existe desesperación económica en la familia Deándar…

Samuel García está jodido, y no lo quiere entender. Es triste, dramático, asistir públicamente a los estertores políticos del senador. Quien paga por encuestas (tampoco lo han entendido Francisco Cienfuegos y Adrián de la Garza) en nada ayuda al posicionamiento político, al contrario, desnuda la desesperación y las intenciones del electorado no se alinean a las intenciones de los políticos. Las redes sociales, por fortuna, además de rudas son inmisericordes.

La disputa por los medios es también una disputa comercial que se traduce en ser venerados o, al menos, mencionados en las columnas políticas, sobre todo las oficiales. Hay que leer las columnas políticas como una extensión comercial de los medios. “M. A. Kiavelo”, del periódico El Norte, por ejemplo, refleja una línea de derecha empresarial queriendo vendernos que son independientes porque critican a los políticos de todos los colores. El Norte, eso fue claro desde el principio para Alejandro Junco de la Vega, es siervo editorial de sus relaciones empresariales y “libre” de sus relaciones políticas.

Las columnas políticas no dan votos, pero influyen en el círculo rojo, en quienes toman decisiones políticas, económicas y financieras. El neoliberalismo hizo que lo editorial, lo periodístico, se convirtiera en comercial. Las líneas editoriales de los medios se venden al mejor postor, pero a veces surgen conflictos. ¿Cómo resolver “Trascendió Monterrey” entre los posibles pagos que les hacen a sus redactores los contrapuestos Adrián de la Garza y Samuel García?

Paco Cienfuegos y su equipo de comunicación, por ejemplo, presumen que tienen comprada la línea editorial de Francisco González Albuerne. Si acaso Javier Sepúlveda o Luis Petersen escriben mal de él o de Adrián de la Garza, recibirían un gran coscorrón. Recuerdo un antecedente: las excelentes columnas de Eloy Garza González, en su regreso efímero a Multimedios, fueron censuradas por la entonces alcaldesa de Monterrey, Margarita Arellanes. El que paga, manda: no pago para que me pegues o, lo que es terriblemente lo mismo, vale más la lana que los lectores, que la audiencia.

Los políticos de nueva (de)generación, como Samuel García o Paco Cienfuegos, poco saben de convencer, lo suyo es el pago, la lana, el chayote. El chayote se volvió piramidal: arréglate con los dueños, no con los “periodistas” que, mal trato, venden su servidumbre a los dueños.

Rodrigo Medina de la Cruz, siguiendo a Enrique Peña Nieto, impuso una mediocre relación entre gobierno y medios. Gastó, hasta ahora, impunemente el dinero de los nuevoleoneses en millonadas para los medios. Fue tan “exitosa” su inversión política que su candidata, Ivonne Álvarez, fue vapuleada, más que por el Bronco, por los ciudadanos. Ahora Paco Cienfuegos prolonga esta estrategia de gasto: comprar a los medios, como lo hizo Samuel García con los Deándar.

Los tiempos cambian. Tatiana Clouthier, por ejemplo, no requiere de las millonadas de pesos que gasta Samuel en medios tradicionales y redes sociales, hay otras estrategias; en principio y encima de todo, la credibilidad. En verdad os digo, protagonistas del 2021 (y va para medios y políticos), la credibilidad lo es todo. O asumen este precepto o despídanse para siempre.

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