Por Carlos Chavarría

Ya fue suficiente con un partido que detentó el gobierno por 70 años para ahora estar de nuevo ante el escenario de otro partido que refinó las prácticas clientelares del primero, con la sola intención de eternizarse en el poder todo el tiempo que le alcancen su compra de votos disfrazada de preocupación por los pobres.

Tampoco podemos ir a elecciones en el 2021 teniendo como contendiente a la presidencia de la república.

Existen dos grandes diferencias que debe considerar este nuevo partido con pretensiones hegemónicas. La primera de ellas no es poca cosa y es que el PRI nació de la convulsión doméstica en un entorno internacional e ideológico también convulsionado e inestable.

El mundo durante el Siglo XX y hasta la caída de la URSS era dipolar. La Primera Guerra Mundial permitió el surgimiento del sistema estalinista (primer polo) y la Segunda Guerra Mundial posibilitó la consolidación de los EEUU (segundo polo) como rector económico. El PRI sobrevivió a las tensiones geopolíticas “prendiendo la direccional izquierda, pero metiéndose por la derecha”.

La segunda y más importante diferencia reside en que el PRI aprovecho la enorme demanda de bienes y materias primas de la post guerra, así como el insasiable apetito por el petróleo, que México tenía en abundancia y fácil de sacar. Con estos recursos el PRI pudo sostener el modelo de “economía mixta” y sus mecanismos redistributivos que le atrajeron la paz política, tanto en las redes internas de la política misma como con los sectores de la sociedad, pues todos cabían dentro del PRI.

En ese contexto poco importo para el  “sistema” mexicano la eficiencia, honestidad y sobre todo una visión de largo plazo para convertir a México en un jugador importante que pudiera crear tendencias o influir en ellas para ganar su independencia económica y tecnológica. Había hasta desperdiciar y mucho se tiró en subisdios a las ineficiencias de toda la economía.

Ese mundo descrito ya no existe más y muchos no queremos verlo ni adaptarnos al nuevo orden de las cosas. Todavía andan por ahí demasiados desmemoriados que piensan que sin el concurso del capital y un mejorado marco de libertades, así como mucho trabajo, se puede dictar desde el estado, la vida, el bienestar de todos, y que todo sea un mundo feliz.

Desde 1990, cuando México se adhirió al Consenso de Washington, la economía mexicana ha sobrevivido por tres factores que no se pueden soslayar: i). Las exportaciones hacia y las inversiones desde los EEUU; atraídas por los bajos salarios; representan el 85% de todo nuestro comercio exterior,  ii). Las remesas de mexicanos que trabajan en los EEUU, que con mucho superan a la mejor época de la renta petrolera, y, iii). Los flujos de divisas que deja el sector turismo. El resto de la economía es chaparra y de muy pobre competitividad.

Aún y con los efectos de esta pandemia no es tarde para superarnos, si hacemos un pacto entre los mexicanos, que por supuesto debe liderear el estado y sus instrumentos. Pero no un pacto hecho con el corazón y nuestra mente puestas en un pasado que ya se fue y no existirá, sino uno donde rompamos con nuestras taras, totems y paradigmas paralizantes que nos dejó la “abundancia” ahora ya agotada.

Yo no soy brujo ni pitoniso como muchos que apuestan a que tardaremos 2, 3, 4, o más años en recuperarnos de la caída, lo que sí se, es que los problemas no se arreglaran  solos y ahí es donde todos los políticos deben entender que lo primero es dejarse de acuerdos y zancadillas entre ellos que nada abonan a la recuperación y mucho al desánimo de todos.

Tampoco  atomizando el control del congreso o bloqueando al ejecutivo; como ya ocurrió cuando Fox; se lograran las cosas buenas que requerimos que ocurran. Necesitamos recuperar es cierto, pero también  crecer, pues ya veníamos mal en la economía y la ineficiencia del gasto público, y no lo conseguiremos  hasta que  alcancemos consensos entre sociedad y gobierno.

Así como López Obrador no es ni será salvador o verdugo de México, tampoco las reformas que salieron de la administración anterior iban a llevarnos al paraíso ipso facto. De hecho estan en realidad intactas y en el futuro rendiran su beneficio.

Ahorita lo que urge es crecer y atraer mas inversiones a nuestro país y eso solo se logra con la confianza. Ahí es donde se requiere pedirle al presidente que defina y enderece su discurso en esa dirección, crear confianza.

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