Por Félix Cortés Camarillo

Los diez estados cuyos gobernadores decidieron anunciar su retiro de la burocrática e inútil Conago no son baba de perico. Sus habitantes sumamos alrededor del cuarenta por ciento de la población del país y nuestros estados envían más de la tercera parte de las aportaciones que hacen todos los estados a la federación. Reciben de regreso bastante menos.

Se encuentran entre los estados disidentes, que sienten el federalismo traicionado por el poder central del presidente López, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, una mayor parte de la vital franja fronteriza con los Estados Unidos. Si contamos solamente a Jalisco y Nuevo León, tienen un empuje industrial y productivo reconocido mundialmente. El presidente López, en su obcecada ceguera política los desprecia para favorecer a los estados de menor desarrollo y productividad, en su amado sureste, con apoyos y limosnas.

Es razonable: son almácigos de votos a futuro. Es la vieja fórmula que López Obrador ha denunciado despectivamente mil y una veces. Frijol con gorgojo a cambio de votos.

Me parece que fue el guanajuatense de las botas el que inventó un sindicato de gobernadores alineados con el presidente. López Obrador acabó con ese estigma por el camino del desprecio y el maltrato; ha privilegiado solamente a Sonora -herencia que le tiene reservada a su secretario de seguridad- con sus frecuentes visitas y atención especial. El Norte de México es motivo de desdén.

En esas circunstancias ha surgido una alianza poco clara de gobernadores federalistas. No se puede decir que compartan una plataforma ideológica o programática, pero es indudable que les es común un enojo ante el presidente López. Éste, que acaba de enviar al Legislativo un proyecto de presupuesto que es obviamente optimista de falsedad y engañoso de promesas, reconoce, porque no le queda otra, la libertad de los gobernadores para adoptar posturas y formar alianzas. Cuando el barco se hunde, las primeras en huir son las ratas, dice el buen decir.

A veces se nos olvida, y con frecuencia se le olvida al presidente López, que el nombre oficial de nuestro país es Estados Unidos Mexicanos, una federación de entidades responsables y soberanas.

No es malo que diez gobernadores importantes -todos lo deberían ser- se lo recuerden.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿cuánto pretende aguantar contra viento y marea el nombramiento caprichoso de Rosario Piedra para que defienda los Derechos Humanos? No se trata de que las viejas vándalas tengan razón: usted les ganó de mano.

‎felixcortescama@gmail.com

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