Por Carlos Chavarría

Empecemos por reconocer que es fácil criticar cuando uno no esta al frente de la gestión de cualquier complejidad social inédita, como la que enfrentamos con el COVID-19.

También debe señalarse que expertos en todas las materias, sobre todo en salud y economía, hay de todos los colores ideológicos y sin lugar a dudas de gran capacidad y cualquier aportación científica rigurosa que mejora la condición de vida de la humanidad debe ser divulgado con total apertura y respetado por todos nosotros.

El sarcasmo fue la respuesta que dio el Dr. López Gatell al documento elaborado por diversos personajes relacionados con el sector salud mexicano y que además conocen y han tenido experiencias en situaciones similares a la actual, solo similares.

El sarcasmo es un elemento típico del discurso político y tiene su lugar incluso, hasta en el dictado o edición de la políticas de una administración cualquiera.

No requiere prueba alguna que el Dr. López Gatell es un inteligente médico preparado en el tema de salud pública y el manejo de condiciones epidémicas como la actual, pero no es político y esta sometido a las reglas impuestas por  una administración  que pretendía vivir de la imagen triunfante y plena de confeti de un solo hombre sin importar las resultados de su transcurso por el poder.

El documento revisionista del manejo de la pandemia, en resumen,  hace énfasis en la magnitud de los fallecimientos que ocurrirán por haber seguido la estrategia de “inmunidad de rebaño” y de todas las cosas que pudieron haberse hecho mejor para sufrir menores impactos, no obstante es casi omiso y superficial en los efectos económicos directos y consecuenciales involucrados en cualquier dirección estratégica disponible.

No es un pecado la ignorancia ante lo inédito, lo que si es condenable es la soberbia, pero López Gatell está reaccionando como se lo indica el presidente, quién no acepta consejos de nadie.

El ciclo económico de todas las sociedades  del mundo depende del ciclo de consumo y del circuito monetario, y ambos son antagónicos con la “sana distancia y el confinamiento” del modo de vida exigido por la única dirección posible para contener la velocidad de los contagios por COVID-19.

Las medidas contracíclicas acostumbradas consisten en adelantar el consumo a través de inversiones en infraestructura pública y algunos subsidios a sectores muy específicos, pero es un hecho, el gobierno no tiene reservas, las agotó y tampoco capacidad para endeudarse más.

Ahora la apertura económica se está adelantando al reloj de la pandemia que camina a su propio ritmo vital, pero el derrotero económico tiene otro paso que ya es no sostenible.

Las consultas que deberían hacerse sobre el tema son las que menos aprecia López Obrador. En una sociedad como la nuestra, con enormes posibilidades pero también aquejada por demasiadas tótems y vulnerabilidades culturales podría resultar tiempo perdido haber sometido a la opinión de las personas los dos cursos de acción posibles pero con mucha mayor crudeza, o economía o la salud.

Ante las crisis el sistema siempre dispone siempre de alguien desgastable y ese papel le toca al Dr. López Gatell. Por su actitud rayando en el cinismo demuestra que sabe el papel que desempeña.

No obstante lo anterior y en tanto las bases de datos sobre expedientes clínicos continúen cerrados en todos los países, seguiré pensando que cada gobierno manipula la información según su circunstancia particular así que  tiene poca utilidad real hacer comparaciones con otras naciones.

Estarle tirando al blanco en la figura de un buen médico nos aleja y distrae del problema de fondo. Nadie sabe cuantos más miles de mexicanos morirán antes de alcanzar la inmunidad de rebaño como tampoco nadie sabe si la apertura  devolverá el consumo a los niveles anteriores a la pandemia ni en cuanto tiempo.

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