Por José Jaime Ruiz

josejaimeruiz@lostubos.com

@ruizjosejaime

El senador Samuel García no sale de una cuando ya entró en otra, su terquedad en el error es sublime. Su ambición por obtener la gubernatura de Nuevo León lo enceguece. Si su pretensión filantrópica fuera sincera, no andaría por ahí en las redes de pregonero. Su nueva ocurrencia es vender su BMW para atender a los niños con cáncer, un buen fin que se disminuye por su codicia política. ¿Le interesan los niños o reposicionarse preelectoralmente?

Samuel asegura que desde hace dos años no ha movido su BMW, lo cual indica que no tiene una necesidad de su carro, ¿por qué hasta ahora se le ocurre venderlo? ¿Por qué le salió, de repente, este altruismo? Al querer engañarnos a todos, Samuel se engaña a sí mismo.

Samuel García le agrega a su machismo, el clasismo caritativo. Y se justifica:

“Nuestro paso por este mundo debe dejar huella, no hay nada más preciado y satisfactorio que la ayuda al prójimo; la sonrisa y alegría de un niño no tienen comparación.”

No hay que pedir inteligencia donde no existe. Repitamos entonces a Eduardo Galeano, a quien debiera leer el senador para obtener, aunque sea un poquito, sensibilidad social:

“A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba – abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder.”

Error tras horror. Mañana o pasado veremos de nuevo otra metida de pata.

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