Por Carlos Chavarría

López Obrador ya convirtió la presidencia en una olla de escándalos tragicómicos todo siempre con el propósito de tapar los hoyos nuevos de cada día en sus cuestionados y muy dudosos resultados ante los problemas que nos aquejan.

Su poco o nulo respeto por puntos de vista diferentes a los suyos lo lleva por el riesgoso camino de quedarse solo, porque los mexicanos en general no somos proclives a la ofensa hiriente y a la sorna como respuesta a todo. Le falta bien poco para acabarse los calificativos negativos del castellano y eso está mal.

Flaco favor se hace al dejar caer todo el peso del discurso presidencial a niveles tan bajos de interlocución. Su afán por “defenderse” lo lleva a olvidar que la investidura presidencial todavía lo cubre con un halo de dignidad que esta desgastándose cada día gracias a sus exabruptos improvisados en una muestra muy pobre de su teatralización pueblerina y seudo emotiva.

Toma diario el micrófono  mañanero como si estuviera en su larga campaña de pueblo en pueblo. Lugares en donde podía atacar con sus arengas  a todos sus enemigos; reales o imaginarios; y practicar su gastado discurso reivindicatorio de las masas.

Es imposible para cualquier ser humano estar todo el tiempo inventando una respuesta calculada por la utilidad o la pérdida electoral, para cada pregunta o cuestión  de la vida cotidiana de cualquier presidencia.

Pensar que todo lo que está haciendo el presidente López Obrador con sus matutinos ataques a diestra y siniestra es para no perder el control del congreso.

Por otra parte, mientras el resto del mundo está buscando maneras para salir adelante de la pandemia y muchos más problemas reales, acá en México estamos energizando a toda una nación en el único propósito de parar a un presidente y este de parar su desgaste. Así de endeble es nuestro potencial político.

Las consultas para seguir con la pantomima de juicios a ex presidentes por delitos inexistentes, la rifa de un avión presidencial, los ataques sectorizados diarios  para justificar la incapacidad frente a los problemas, la minimización de la corrupción propia, y la larga lista de eventos que organiza la presidencia, todo eso es para defenderse.

Todos lo nodos de opinión publica trabajan desde fuera de gobierno para desacreditar y poner en evidencia lo mal que está el gobierno en las manos que ahora lo dirigen y tienen también un solo objetivo: el control del congreso.

Todo este sainete ocurre cuando la economía está jodida y nadie en las órbitas del poder parece darse cuenta de que estamos  en camino de perder otros seis años.