Por Félix Cortés Camarillo

A estas horas, don Gabriel Yorio, subsecretario de Hacienda ya debiera haber presentado la renuncia a su puesto. En su perorata matutina, su jefe absolutamente superior, el presidente López, lo descalificó para sus funciones, por el enorme pecado de haber dicho públicamente que la baraja oculta del gobierno ante la crisis tremenda de economía que se nos cayó encima y nos seguirá aplastando es el pedir prestado. Algo que cualquier mexicano pensante entiende que es una vía factible de solución aunque contradiga específicamente una de las dos promesas dogmáticas de López Obrador, de ni crear nuevos impuestos –“en términos reales”- ni aumentar la deuda.

Mucho mayor dignidad tuvo el todavía director del llamado pomposamente Instituto Nacional para la Devolución al Pueblo de lo Robado, Jaime Cárdenas, quien a tres meses de operar esa opereta decidió renunciar. Al hacer público el hecho, el presidente López simplemente dijo que don Jaime no había dado el ancho para el servicio público -tan exigente que es- y había preferido regresar a sus labores académicas.

Nuevamente el presidente López mintió, porque ocultar media verdad es lo mismo que decir una mentira. La carta de renuncia de don Jaime denuncia que esa patraña de devolver al pueblo lo robado, que es una especie de rifa secuencial del patrimonio de la Fiscalía Federal, oculta en realidad una complicada trama de corrupción y robo directo al patrimonio que se supone resguarda. Ahí hay una cueva que ya quisiera Alí Baba. Nada de eso fue mencionado por el presidente López cuando dio a conocer la salida de Jaime Cárdenas.

Tampoco se dijo nada de los motivos del primer secretario de Hacienda del país, del primer director del Seguro Social y de tantos otros primeros que no llegaron a dos años en el cargo.

Desde luego que en ese ocultamiento hay la intención del gato que oculta sus heces debajo de la alfombra. Pero más que eso se encuentra el espíritu vanidoso de sostener la apariencia por encima de la realidad. Si se inundan los terrenos de la refinería de Dos Bocas, se trata simplemente de encharcamientos que en cuestión de un par de horas se desecan.

Si se ordena a la gobernadora de la Ciudad de México que no permita que los manifestantes de Frenaa, que piden ingenuamente la renuncia del presidente López lleguen al Zócalo, es simplemente para proteger su integridad física ante los provocadores y sicarios que el propio presidente López incita desde las “benditas” redes sociales. Si la gente de Chihuahua defiende su derecho al agua, todo es un movimiento partidista del PAN.

Uno de los libros más sabios del buen libro que llamamos Biblia, el Ecleciastés, comienza denunciando que vanidad de vanidades, todo es vanidad. Más adelante, sin embargo, explica que hay tiempo de nacer y tiempo de morir. Tiempo de lamento y tiempo de celebración.

Es la inexorabilidad del tiempo. Algo que nuestros políticos no entienden.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿por qué no le hace caso a los que saben, como el subsecretario de Hacienda?

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