Por Francisco Tijerina Elguezabal

“Comienzo con la premisa de que la función del
líder es producir más líderes, no más seguidores.” Ralph Nader

Nací y crecí en un mundo repleto de líderes, de figuras importantes en todas las áreas, de espejos en los cuales todos podíamos reflejarnos y tener un ejemplo a seguir.

El Monterrey y el México de los grandes empresarios, de los deportistas, de los artistas, de los músicos, los escritores, los pensadores, esos pintores, grandes maestros y educadores.

Seres con una enorme calidad y autoridad profesional y moral ante la sociedad, cuyas palabras dejaban huella y marcaban el camino a seguir; personajes que más que con la voz predicaban con el ejemplo.

Fueron ellos que dieron cimiento a lo que hoy somos, fueron ellos la base de varias generaciones, pero de pronto algo falló, algo se rompió y de la noche a la mañana nos hemos ido quedando sin líderes, sin guías, sin ejemplos.

Veo a los políticos de nuestro tiempo y termino aceptando que en su enorme mayoría no me generan ninguna sensación, ni para bien pero tampoco para mal, me terminan siendo absolutamente “inclusive”, como decía una amiga de mi madre.

Pero esta caballada flaca y esta enorme falta de personalidad en nuestros políticos es un reflejo claro de lo que ocurre en nuestra sociedad.

Los “ídolos” de hoy son de papel, pero de papel desechable, como el kleenex, porque son de úsese y tírese; en la política, en el deporte, en las artes y ya hasta en las ciencias los que un día son aplaudidos, al día siguiente son olvidados y dejan de tener trascendencia y sus opiniones son pisoteadas por cualquier hijo de vecino que se le pone opinar lo contrario.

No hay a quién seguir, a quién admirar, a quién aplaudir. Nos hemos quedado sin ejemplos, sin espejos en dónde reflejarnos y así es muy difícil destacar, avanzar, sobresalir; diese la impresión de que tenemos una vida en la que el único propósito es subsistir y ser parte de la masa, de ese grupo incoloro, inodoro e insípido en el que parecemos portar el mismo uniforme, comer lo mismo, tomar lo mismo, opinar igual, si no estamos fuera de la regla y la norma.

Dirán lo que quieran, pero extraño mucho esos tiempos y extraño más a todos esos personajes a los que admiré desde niño, a esos hombres y mujeres cuyos nombres pronuncié siempre con un enorme respeto, a esos seres que cuando tuve oportunidad de conocerles y estrechar su mano me sentí halagado y agradecido con la vida por la oportunidad que tuve.

Nos faltan líderes con urgencia para salvar a este mundo de la mediocridad.

ftijerin@rtvnews.com