Por José Jaime Ruiz

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@ruizjosejaime

Esta semana fue la semana del exsecretario de Economía Ildefonso Guajardo. Reunirse públicamente con el alcalde priista de Monterrey, Adrián de la Garza, y con el senador panista Víctor Fuentes, fue lo más destacado en esta época preelectoral. La próxima semana se reunirá, agendas mediantes, con el senador de Movimiento Ciudadano, Samuel García.

A Samuel no le ha ido bien y en el recuento de los daños su manejo de crisis no está funcionando: su negativos siguen siendo una carga difícil de remontar. Clara Luz Flores Carrales, la (pre)candidata a vencer, sigue con su buen talante y su buen humor, hasta ahora su navegación va viento en popa, no requiere exhibirse de más. Víctor Fuentes emprendió una lucha, su última carta que va a perder, es decir, la democratización del PAN. Tatiana Clouthier se mantiene alejada de Nuevo León. Y Adrián de la Garza tiene a través de sus mensajes todo-terreno más abiertas sus posibilidades.

Como había adelantado en otra columna, la cruzada de Ildefonso no es la gran apuesta para los partidos de oposición en el estado: ES la apuesta. Lo anterior no riñe con la propuesta de Cristina Díaz de crear un gobierno de coalición. La pulverización de las precandidaturas puede revertirse si se llega a un gran acuerdo entre partidos que, necesariamente, excluirán al priismo medinista y a Morena.

Para avanzar en consenso, los dueños de los partidos deberán revisar los intereses creados. Ir más allá de la rebatiña, del saqueo, del secuestro político a lo que los ciudadanos nunca se acostumbrarán. La partidocracia, como tal, reventó en el 2015 y el 2021, con sus grandes variables, también será ciudadano. Quienes piensen en “posiciones” de poder para ganar gubernatura y diputaciones, están pensando pésimo. No se puede convertir la repartición en botín a priori, si no cambian este pensamiento, si no “retrazan” la ruta, retrasarán sus aspiraciones y Morena les pondrá una chinga.

Si los dueños del PAN, del PRI no medinista, de Movimiento Ciudadano y del Partido del Trabajo no se ponen de acuerdo, nuevos liderazgos (ajenos a la “independencia” del Bronco en 2015) pospartidistas, ciudadanos, crecerán.

Ya no asistimos a una elección negativa, a una elección de hartazgo y de castigo. Los ciudadanos siguen hartos de los partidos y ya castigaron a Jaime Rodríguez Calderón. El 2021 será una elección positiva donde predominará no el populismo sino los personajes y las propuestas.

La apuesta de Ildefonso Guajardo, hasta donde la veo, no es una propuesta de conflicto, esto es, todos contra Morena, todos contra AMLO. Es, en todo caso, una propuesta de política de composición, de consenso, de inclusión. Nuestro estado no es la joya de ninguna corona porque esa joya se derrumbó cuando nos la abollaron. Y, sin embargo, Nuevo León puede darle otro ejemplo de civilidad, de ciudadanía al país si y sólo si, como en toda transición, prevalecen los acuerdos entre las oposiciones y no sus muy particulares intereses.