Por José Jaime Ruiz

josejaimeruiz@lostubos.com

@ruizjosejaime

El periódico El País califica a Giovanni Sartori como el “teórico de la democracia”. El italiano tuvo una estrecha relación con México, inclusive recibió la Condecoración de la Orden Mexicana del Águila Azteca. Sartori estudió el sistema político mexicano y le dedicó reflexiones profundas. Florentinos, Sartori fue, siglos después, la negación de Maquiavelo, lo suyo no fue la corte sino las aulas.

Quiero destacar las opiniones del politólogo sobre la “sondeocracia”, ahora que las encuestas, por las elecciones, estarán a la orden del día en nuestro país. Entre otras cosas, asegura el teórico de la democracia:

* Saber de política es importante, aunque a muchos no les importe, porque la política condiciona toda nuestra vida y nuestra convivencia.

* La opinión pública tiene una ubicación, debe ser colocada: es el conjunto de opiniones que se encuentra en el público o en los públicos. Pero la noción de opinión pública denomina sobre todo opiniones generalizadas del público, opiniones endógenas, las cuales son del público en el sentido de que el público es realmente el sujeto principal.

* Debemos añadir que una opinión se denomina pública no sólo porque es del público, sino también porque implica la res publica, la cosa pública, es decir, argumentos de naturaleza pública: los intereses generales, el bien común, los problemas colectivos.

* Las opiniones son convicciones frágiles y variables. Si se convierten en convicciones profundas y fuertemente enraizadas, entonces debemos llamarlas creencias.

* La democracia participativa no se caracteriza como un gobierno del saber sino como un gobierno de la opinión, que se fundamente en un público sentir de res publica.

* Según Herstgaard: “Los sondeos de opinión reinan como soberanos. Quinientos americanos son continuamente interrogados para decirnos a nosotros, es decir, a los otros 250 millones de americanos lo que debemos de pensar”.

* Los sondeos de opinión consisten en respuestas que se dan a preguntas (formuladas por el entrevistador). Y esta definición aclara de inmediato dos cosas: que las respuestas dependen ampliamente del modo en que se formulan las preguntas (y, por tanto, de quién las formula), y que, frecuentemente, el que responde se siente “forzado” a dar una respuesta improvisada en aquel momento. ¿Es eso lo que piensa la gente? Quien afirma esto no dice la verdad.

* Las opiniones recogidas en los sondeos son por regla general débiles; y es raro que alguna vez se recojan opiniones profundas.

* La mayoría de las opiniones recogidas son frágiles e inconsistentes.

* Por otra parte, tenemos el problema de la fácil manipulación de los sondeos.

* Quien se deja influenciar o asustar por los sondeos, el sondeo dirigido, a menudo se deja engañar en la falsedad y por la falsedad.

* La sondeo-dependencia es la auscultación de una falsedad que nos hace caer en una trampa y nos engaña al mismo tiempo.

* La sondeo-dependencia es nociva, las encuestas deberían de tener menos peso del que tienen y las credenciales democráticas (e incluso “objetivas”) del instrumento son espurias.

* Casi todos se rinden ante el hecho supuestamente inevitable de los sondeos. A lo cual respondo que los sondeos nos asfixian porque los estudiosos no cumplen con su deber.

* Los pollsters, los expertos en sondeos, se limitan a preguntar a su quindam, cualquiera que sea, “¿qué piensa sobre esto?” sin averiguar antes lo que sabe de eso, si es que sabe algo.

* El pollster comercial no tiene ningún interés en verificar cuál es la consistencia o inconsistencia de las opiniones que recoge: si lo hiciera sería autodestructivo.

* Los centros de investigación y las instituciones universitarias tendrían el estricto deber de colmar esa zona de oscuridad y confusión, verificando mediante el fact-finding polls (encuestas de determinación de hechos) y entrevistas en profundidad el estado y el grado de desconocimiento del gran público. Sin embargo, se callan como muertos.